{"id":4917,"date":"2020-11-16T13:42:04","date_gmt":"2020-11-16T21:42:04","guid":{"rendered":"https:\/\/orato.world\/2020\/11\/16\/la-pesadilla-de-regresar-a-venezuela\/"},"modified":"2022-04-19T09:22:27","modified_gmt":"2022-04-19T16:22:27","slug":"la-pesadilla-de-regresar-a-venezuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/orato.world\/es\/2020\/11\/16\/la-pesadilla-de-regresar-a-venezuela\/","title":{"rendered":"La pesadilla de regresar a Venezuela"},"content":{"rendered":"<div class=\"lets-info-up-wrap  lets-info-up--right lets-info-up--m-1 lets-info-up-skin-1 lets-info-up--side\">\t\t\t<div class=\"lets-info-up\">\r\n\t\t\t<div class=\"lets-info-up-fi\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"375\" src=\"https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/return-main-500x375.jpeg\" class=\"attachment-lets-info-up-d1 size-lets-info-up-d1\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/\/return-main-500x375.jpeg 500w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/\/return-main-300x225.jpeg 300w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/\/return-main-1024x768.jpeg 1024w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/\/return-main-770x578.jpeg 770w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/\/return-main-293x220.jpeg 293w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/\/return-main.jpeg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/div>\t\t\t<div class=\"lets-info-up-block-wrap\">\r\n\t\t\t\t<div class=\"lets-info-up-block lets-info-up-meta-block\"><div class=\"lets-info-up-meta-title lets-info-up-pretitle font-h\">Protagonista<\/div><div class=\"lets-info-up-meta-content lets-info-up-title font-b\">Los nombres de la madre y sus hijos se ocultan para proteger su identidad. La familia tard\u00f3 casi un mes en regresar a Venezuela desde Colombia.<\/div><\/div><div class=\"lets-info-up-block lets-info-up-meta-block\"><div class=\"lets-info-up-meta-title lets-info-up-pretitle font-h\">Contexto<\/div><div class=\"lets-info-up-meta-content lets-info-up-title font-b\">La organizaci\u00f3n no gubernamental CEPAZ denunci\u00f3 que los migrantes retornados sufren violencia y persecuci\u00f3n generalizadas. De hecho, el presidente Nicol\u00e1s Maduro impuso una narrativa gubernamental discriminatoria al llamar a los migrantes \u201cbioterroristas\u201d por el peligro de contagio y transmisi\u00f3n del Covid-19. Incluso se les culp\u00f3 por el aumento en el n\u00famero de casos positivos. Cepaz tambi\u00e9n destac\u00f3 las condiciones inhumanas a las que son sometidos: muchos duermen en el suelo, hacinados, no tienen acceso a agua y comida, y quienes se quejan son humillados y golpeados. De hecho, el Fiscal General de la Rep\u00fablica, Tarek William Saab, se\u00f1al\u00f3 que los migrantes sufren por el \u201ckarma\u201d por salir de Venezuela. Seg\u00fan la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la cantidad de venezolanos que abandonaron su pa\u00eds ha llegado a casi cinco millones. Los pa\u00edses latinoamericanos que acogen a m\u00e1s ciudadanos de esta nacionalidad son Colombia 1,3 millones, seguido de Per\u00fa, con 768.000, Chile 288.000, Ecuador 263.000, Argentina 130.000 y Brasil 168.000. La Plataforma de Coordinaci\u00f3n para Refugiados y Migrantes de Venezuela indica que casi 2,5 millones de venezolanos obtuvieron la residencia en otro pa\u00eds del mundo, mientras que hay m\u00e1s de 800 mil casos en tr\u00e1mite y 145 mil solicitados de asilo.<\/div><\/div>\t\t\t<\/div>\r\n\t\t\t<\/div>\r\n\t\t<\/div>\r\n\t\t\n\n\n<p>Hab\u00eda salido sola hacia Colombia desde Valencia, capital del estado de Carabobo, Venezuela, en b\u00fasqueda de un mejor futuro para mi familia. Una vez llegada a Bogot\u00e1, capital del pa\u00eds, consegu\u00ed trabajo en una panader\u00eda y logr\u00e9 reunir dinero para traer a mi madre y a mis hijas. La pandemia me dej\u00f3 sin empleo y nos oblig\u00f3 a tomar la decisi\u00f3n de regresar a nuestro pa\u00eds y ciudad de origen.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la llegada del Covid-19, me qued\u00e9 sin ingresos y nos desalojaron del apartamento donde viv\u00edamos en Bogot\u00e1. Despu\u00e9s de meses de trabajo arduo, tuve que vender a precios de remate todo lo que me cost\u00f3 tanto esfuerzo conseguir. Apenas obtuve 200.000 pesos colombianos, menos de 300 d\u00f3lares, para comprar los pasajes a Venezuela. Tambi\u00e9n consegu\u00ed comida no perecedera para la traves\u00eda. Comprar esos boletos fue un riesgo grande porque el gobierno colombiano hab\u00eda prohibido el tr\u00e1nsito de migrantes dentro de su territorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Los pasajes que obtuve eran de autob\u00fas urbano y ofrec\u00edan llevar migrantes venezolanos hasta el departamento de Arauca, frontera con Venezuela. Normalmente, los migrantes llegan hasta C\u00facuta, departamento Norte de Santander, pero el gobierno de Venezuela no les permit\u00eda la entrada a los venezolanos por esa frontera.<\/p>\n\n\n\n<p>Partimos desde el barrio de Fontib\u00f3n, en Bogot\u00e1, pero pronto el autob\u00fas comenz\u00f3 a tener problemas mec\u00e1nicos y se detuvo en la Autopista Sur. Nos dijeron que no podr\u00edan continuar el viaje y que nos dejar\u00edan all\u00ed. En mi desesperaci\u00f3n por lograr la devoluci\u00f3n del dinero, me dirig\u00ed a una estaci\u00f3n policial cercana. Cuando los funcionarios policiales se enteraron de que transportaban migrantes, los conminaron a irse y no hicieron nada para lograr la devoluci\u00f3n de mi dinero.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los 40 viajeros, conoc\u00ed a tres j\u00f3venes venezolanos que ten\u00edan un lugar a d\u00f3nde regresar, al menos para pasar la noche. Ellos se ofrecieron a compartir con nosotras la casa a donde se dirig\u00edan y me advirtieron que all\u00ed hab\u00eda m\u00e1s personas. Era eso o exponer a mi familia a dormir en la calle. Ofrec\u00ed a Dios una oraci\u00f3n silenciosa y fui con los chicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llegamos al hogar, hab\u00eda 28 personas en dos habitaciones. No pude dormir en toda la noche cuidando a mis hijas. Al d\u00eda siguiente, los j\u00f3venes consiguieron otro autob\u00fas que part\u00eda el d\u00eda despu\u00e9s. Aprovech\u00e9 de pedir ayuda al pap\u00e1 de mis hijas y logr\u00f3 enviarme algo de dinero para pagar el nuevo autob\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p><h3><strong>Una nueva esperanza<\/strong><\/h3><\/p>\n\n\n\n<p>Como el transporte anterior, este me ofrec\u00eda llevarme hac\u00eda el departamento de Arauca. Al salir, de nuevo surgi\u00f3 otro contratiempo. En el peaje Andes, la polic\u00eda detuvo a todos los autobuses que sal\u00edan de Bogot\u00e1 para impedir la movilizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Permanecimos d\u00edas all\u00ed, durmiendo en los autobuses y comiendo cualquier cosa. Algunas personas ten\u00edan un poco m\u00e1s de dinero y compraban comida para los ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Funcionarios de Migraci\u00f3n Colombia llegaron acompa\u00f1ados del personal de la Agencia de la ONU para Refugiados (Acnur). Ellos entregaron comida y kit de aseo. Tambi\u00e9n ofrecieron llevarnos a un refugio, pero yo me negu\u00e9. Insistieron bastante con eso, pero yo sab\u00eda que en plena cuarentena los albergues estaban colapsados de personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me un\u00ed a un grupo que exig\u00eda que abrieran el paso. Tambi\u00e9n particip\u00e9 en cadenas de oraci\u00f3n en la autopista. Nos tomamos de la mano y comenzamos a orar a Dios para que nos ayudara. De las decenas de autobuses que llegaron al peaje, solo quedaban cinco, incluyendo el nuestro. En total, \u00e9ramos unos 200 venezolanos. Al tercer d\u00eda, el gobierno colombiano otorg\u00f3 el permiso a los migrantes de continuar su viaje.<\/p>\n\n\n\n<p><h3><strong>Un destino al que nunca llegamos<\/strong><\/h3><\/p>\n\n\n\n<p>Todos los autobuses se dirig\u00edan hacia C\u00facuta, menos el nuestro. Sin embargo, nunca llegamos al departamento de Arauca. Los choferes intentaron pasar por dos poblaciones distintas, Sogamoso y Pajarillo y, en ambas, la polic\u00eda impidi\u00f3 el paso porque la guerrilla ten\u00eda la zona tomada.<\/p>\n\n\n\n<p>No nos dejaron bajar del autob\u00fas. Eso s\u00ed, muchos polic\u00edas y militares nos entregaron agua, frutas, comida y ropa para los ni\u00f1os. Estoy agradecida por los colombianos que demostraron humanidad por la situaci\u00f3n que todos atraves\u00e1bamos Despu\u00e9s de 42 horas de viaje, los choferes decidieron llegar hasta C\u00facuta.<\/p>\n\n\n\n<p>Para ese tiempo estaba frustrada y agotada. Mis hijas estaban cansadas y lloraban continuamente. La m\u00e1s peque\u00f1a, de 3 a\u00f1os, me ped\u00eda que regres\u00e1ramos a \u201csu\u201d casa. Mi mam\u00e1 resist\u00eda cu\u00e1nto pod\u00eda. Realmente no s\u00e9 qu\u00e9 habr\u00eda sido de m\u00ed en ese viaje sin ella. Incluso llegu\u00e9 a pensar que deb\u00ed aceptar el refugio que nos ofrecieron en Bogot\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p><h3><strong>Los Trocheros<\/strong><\/h3><\/p>\n\n\n\n<p>Llegamos a C\u00facuta a las 9 de la noche y solo all\u00ed pude bajar del autob\u00fas. Qued\u00e9 asombrada cuando vi que hab\u00eda unas dos mil personas en el puente Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Ellos esperaban desde hac\u00eda 5 d\u00edas por la autorizaci\u00f3n del gobierno venezolano para cruzar la frontera y entrar al pa\u00eds. Continuaban llegando buses. A pesar de todo, logr\u00e9 darle de comer a mis hijas gracias al apoyo de Acnur.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto me di cuenta que nunca cruzar\u00edamos la frontera por la v\u00eda legal y cada vez ten\u00eda menos dinero. Al d\u00eda siguiente, me levant\u00e9 temprano para buscar a los \u201ctrocheros\u201d que hay en la frontera. Los \u201ctrocheros\u201d son hombres que gu\u00edan a los migrantes a trav\u00e9s de las \u201ctrochas\u201d, es decir, los pasos ilegales. A las 11:00 a.m. ya hab\u00eda acordado un precio de 5000 pesos colombianos, 1,37 d\u00f3lares, por cada una de nosotras.<\/p>\n\n\n\n<p><p>El puente Sim\u00f3n Bol\u00edvar se encuentra perpendicular a la frontera y al r\u00edo T\u00e1chira que divide ambos pa\u00edses. Es una zona boscosa y el r\u00edo es particularmente peligroso y traicionero. Muchas personas hab\u00edan perdido la vida al tratar de cruzarlo por los pasos ilegales y los puentes artesanales. Explico esto para que se comprenda la dif\u00edcil y desesperada decisi\u00f3n que yo tom\u00e9 en ese momento.<\/p><\/p>\n\n\n\n<p><p>Por mi mente pasaron todas las noticias de violaciones, ahogamientos, asesinatos y otras desgracias que los medios siempre rese\u00f1aban. Pero no ten\u00eda m\u00e1s opciones.<\/p><\/p>\n\n\n\n<p><h3><strong>Una entrada peligrosa<\/strong><\/h3><\/p>\n\n\n\n<p>Los gu\u00edas nos alejaron del puente y nos llevaron a un terreno bald\u00edo que colindaba con la frontera. Estos hombres pasaron nuestro equipaje hacia Venezuela a trav\u00e9s del r\u00edo que, afortunadamente, no estaba crecido. Primero pas\u00f3 mi mam\u00e1, las dos ni\u00f1as grandes y, por \u00faltimo, pas\u00e9 yo con mi beb\u00e9 en brazos. Empezamos a caminar por el bosque a trav\u00e9s de angostos caminos de tierra. Oficialmente ya est\u00e1bamos en Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Llev\u00e1bamos unos 15 minutos de caminata cuando alguien grit\u00f3 que llegaban los \u201cparacos\u201d (paramilitares). Mi mam\u00e1, mis hijas y yo corrimos como pudimos. Los paramilitares ven\u00edan a caballo, as\u00ed que nos alcanzaron f\u00e1cilmente. Nos exigieron 20.000 pesos colombianos, 5,50 d\u00f3lares, por persona para dejarnos pasar. Yo no ten\u00eda esa cantidad de dinero, por lo que les di casi todo lo que ten\u00eda y la comida que tra\u00edamos de Bogot\u00e1. Nos hicieron correr y continuamos la caminata cuando perdimos de vista a los paramilitares.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de atravesar un peque\u00f1o puente, nos recibi\u00f3 la guerrilla. Aunque los \u201ctrocheros\u201d me advirtieron que mintiera y no dijera que ven\u00eda de Bogot\u00e1, decid\u00ed arriesgarme a decir la verdad. Ten\u00eda miedo de mentir y perder los nervios delante de esos hombres. Les dije que ven\u00eda de Bogot\u00e1 con mi familia y que ya nos hab\u00edan quitado todo el dinero y la comida. No ten\u00eda m\u00e1s nada que darles.<\/p>\n\n\n\n<p>En una hora que pareci\u00f3 una eternidad, nos mantuvieron custodiados hasta que lleg\u00f3 el jefe de los guerrilleros a darnos la \u201cbienvenida\u201d a Venezuela. Mi familia y yo est\u00e1bamos muy asustadas, pero en realidad nos trataron bien. Nos dijeron que ellos nos cuidar\u00edan y le dieron agua de panela a los ni\u00f1os. Tambi\u00e9n nos consiguieron una camioneta pick up y nos enviaron a todos a la terminal de buses en San Antonio del T\u00e1chira, la ciudad fronteriza m\u00e1s cercana a la frontera.<\/p>\n\n\n\n<p><p>En la terminal hab\u00eda unas 600 personas. A mi familia y a m\u00ed, nos tomaron la temperatura y nos hicieron pruebas de Covid-19. Todos resultamos negativos. All\u00ed pudimos darnos un muy breve ba\u00f1o y a las 5 de la tarde, nos llevaron el almuerzo. Era notable la diferencia entre la comida que nos dio la Acnur y la que recibimos del gobierno venezolano. Para nosotras cinco nos dieron apenas una taza de arroz blanco y dos cucharadas de pedacitos de pollo cocidos sin color ni sabor.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"540\" height=\"303\" class=\"alignnone wp-image-4895 size-full\" src=\"https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/return-2.jpeg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/\/return-2.jpeg 540w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/\/return-2-300x168.jpeg 300w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/\/return-2-293x164.jpeg 293w\" sizes=\"auto, (max-width: 540px) 100vw, 540px\" \/><\/p><\/p>\n\n\n\n<p><h3><strong>11 d\u00edas en un refugio<\/strong><\/h3><\/p>\n\n\n\n<p>A las 2:00 a.m. nos despertaron para montarnos en unos buses. Al principio, sent\u00ed alivi\u00f3 y pens\u00e9 que por fin podr\u00eda ir a mi ciudad, pero no fue as\u00ed. Despu\u00e9s de una hora y media de viaje nos llevaron a San Crist\u00f3bal, hasta la Universidad de los Andes, d\u00f3nde improvisaron un refugio para los migrantes que volv\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p><p>All\u00ed nos recibi\u00f3 el alcalde de la ciudad. \u00c9l nos advirti\u00f3 que lleg\u00e1bamos a esa hora de la madrugada porque la comunidad local rechazaba la presencia de viajeros. Todos ten\u00edan miedo del Covid-19.<\/p><\/p>\n\n\n\n<p><p>Intent\u00e9 descansar junto a mis hijas, pero el sue\u00f1o no durar\u00eda mucho. En cuanto amaneci\u00f3, los vecinos llegaron a las puertas de la universidad para gritar y lanzar piedras, lo que produjo un enfrentamiento entre migrantes y locales. Temblando de miedo, me encerr\u00e9 con las ni\u00f1as y mi mam\u00e1 en una de las aulas. Los guardias nacionales venezolanos se asustaron y nos dejaron solos en medio del conflicto.<\/p><\/p>\n\n\n\n<p>Avanzada la ma\u00f1ana, logramos negociar con los vecinos y comprendieron que las autoridades nos ten\u00edan all\u00ed en contra de nuestra voluntad. La actitud de ellos cambi\u00f3 radicalmente. El problema es que mis hijas segu\u00edan sin comer. A las 6 de la tarde no soport\u00e9 su llanto con hambre y, llena de impotencia, me acerqu\u00e9 a la valla de la universidad y le implor\u00e9 por comida a una mujer que se encontraba a cerca. Ella volvi\u00f3 a los 20 minutos con seis panes rellenos de queso. En el aula en la que me encontraba, adem\u00e1s de mis hijos hab\u00eda unos 8 ni\u00f1os m\u00e1s. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda darle de comer a mis peque\u00f1as y dejar con hambre a los dem\u00e1s? Repart\u00ed un pedacito de pan para todos los ni\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero los actos de generosidad continuaron: otros vecinos nos trajeron m\u00e1s comida. Como no hab\u00eda agua en la universidad, las autoridades llevaron cisternas y llenaron unos tanques. Esa era el agua que ten\u00edamos para beber y ba\u00f1arnos. La misma se\u00f1ora que me dio los panes con queso, tambi\u00e9n me dio un balde para cargar el agua hasta el ba\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese refugio estuvimos 11 d\u00edas y nunca nos permitieron salir. Apenas pod\u00eda dormir, a veces sent\u00eda que estaba en una pesadilla. Apenas pod\u00eda dormir. Era una pesadilla.<\/p>\n\n\n\n<p><h3><strong>Mi hija enferma<\/strong><\/h3><\/p>\n\n\n\n<p>La comida era poca y mala y mi beb\u00e9 m\u00e1s peque\u00f1a se enferm\u00f3 de diarrea. La ve\u00eda perder fuerzas a medida que pasaban las horas y ninguno de los militares que estaba all\u00ed hac\u00eda nada a pesar de que les rogu\u00e9 por ayuda. Ni siquiera los m\u00e9dicos que iban a hacernos las pruebas se dignaron a atender a mi hija. Como ten\u00eda l\u00ednea colombiana y en la universidad no hab\u00eda Wi-Fi, le rogu\u00e9 a los dem\u00e1s viajeros que me prestaran un celular con l\u00ednea venezolana para llamar al pap\u00e1 de las ni\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los dos, logramos coordinar con viajeros que tuvieran pesos colombianos en efectivo, entonces \u00e9l les deposit\u00f3 a esas personas y ellos me dieron el dinero. En toda la zona fronteriza ya no se utiliza el dinero venezolano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya con el dinero y al borde de la desesperaci\u00f3n, me vi obligada a recurrir a las bandas criminales que se organizaron en la universidad. Lamentablemente, entre los viajeros se encontraban personas de mala conducta. Ellos se unieron y capitalizaron la comida y enseres que los vecinos nos enviaban. Todo pasaba por sus manos y lo acaparaban, entonces uno deb\u00eda comprarles a ellos lo que necesit\u00e1bamos a precios exorbitantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Los 50.000 mil pesos que logr\u00e9 reunir, casi 14 d\u00f3lares, se los entregu\u00e9 a esas personas por dos compotas, un paquete de galletas de soda y un jugo peque\u00f1o. No s\u00e9 si es porque me vieron tan angustiada por la ni\u00f1a, pero esos mismos hombres me dieron un paquete de harina de ma\u00edz y aceite. As\u00ed le pude cocinar algo a mi hija en un fog\u00f3n que instalamos en la zona externa de la universidad. Se recuper\u00f3 casi completamente despu\u00e9s de seis d\u00edas, pero perdi\u00f3 mucho peso.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada noche rogaba que fuera la \u00faltima. Cuando por fin lleg\u00f3 el \u00faltimo d\u00eda, el alcalde llev\u00f3 \u201cpintacaritas\u201d y perros calientes a los ni\u00f1os, solo para tomarse la foto con ellos. As\u00ed hacen campa\u00f1a a costa de los migrantes.<\/p>\n\n\n\n<p>En la noche antes de salir hacia nuestras ciudades, nos hicieron pruebas de Covid-19 y los resultados fueron negativos. Tambi\u00e9n lleg\u00f3 la polic\u00eda pol\u00edtica del gobierno (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional o Sebin). Me tomaron fotos con la c\u00e9dula, as\u00ed como tambi\u00e9n a los dem\u00e1s viajeros.<\/p>\n\n\n\n<p>A las dos de tarde del d\u00eda siguiente llegaron los autobuses que el gobierno design\u00f3 para trasladarnos. El viaje, en general, dura unas 10 horas. Tardamos dos d\u00edas en llegar por que los militares nos reten\u00edan hasta dos horas en cada punto de control. Pr\u00e1cticamente no nos permitieron bajar del autob\u00fas hasta que llegamos a nuestra ciudad. Incluso me vi obligada a taparme con s\u00e1banas para hacer mis necesidades en envases que luego lanz\u00e1bamos por la ventana del bus.<\/p>\n\n\n\n<p><h3><strong>Un nuevo refugio<\/strong><\/h3><\/p>\n\n\n\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s llegamos a Valencia, capital del estado de Carabobo. Estaba llorando con l\u00e1grimas de alegr\u00eda, pero la alegr\u00eda no dur\u00f3 demasiado. Nos llevaron hasta la Villa Ol\u00edmpica de la ciudad convertida en refugio y all\u00ed me enter\u00e9 de que deb\u00edamos pasar 15 d\u00edas m\u00e1s de cuarentena en ese lugar. Las autoridades repitieron los ex\u00e1menes y, de nuevo, el resultado fue negativo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como el personal no sab\u00edan que llegar\u00edamos a esa hora, no ten\u00edan nada de comer para el grupo. A las 11 de la noche llegaron con un envase de carne con arroz para cada uno. Incluso, pudimos repetir comida. Por primera vez en d\u00edas, mis hijas se acostaban con el est\u00f3mago lleno.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin nos permitieron subir a las habitaciones. Yo nunca hab\u00eda visto una habitaci\u00f3n tan sucia, todo estaba lleno de polvo y de manchas. Los ba\u00f1os estaban inservibles. No me imaginaba viviendo 15 d\u00edas m\u00e1s en ese estado deplorable con mis hijas. Ni siquiera nos pudimos ba\u00f1ar ni limpiar porque no hab\u00eda agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, ped\u00ed otra llamada a mis compa\u00f1eros de viaje y me comuniqu\u00e9 con el padre de las ni\u00f1as que estaba en la ciudad para pedirle algo de comer y agua para beber, porque ya era casi mediod\u00eda y aun no nos tra\u00edan comida. \u00c9l trat\u00f3 de localizarme para entregarme lo que le ped\u00ed, pero las autoridades no le permitieron hablar conmigo. Ni siquiera aceptaron recibir la comida de las ni\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<p>No tengo palabras para explicar la alegr\u00eda inmensa que sent\u00ed cuando, a las 5 de la tarde ese d\u00eda, las autoridades nos dijeron que recogi\u00e9ramos todas nuestras maletas. Esperaban un grupo de personas contagiadas con Covid-19 que llegaban de Per\u00fa y Ecuador y no ten\u00edan espacio para recibirlas.<\/p>\n\n\n\n<p><h3><strong>Hogar, dulce hogar<\/strong><\/h3><\/p>\n\n\n\n<p><p>Como pude, guard\u00e9 todo en las maletas y prepar\u00e9 a las ni\u00f1as para irnos. Efectivamente, cuatro horas despu\u00e9s nos organizaron por municipios y nos trasladaron en buses hasta zonas cercanas a nuestras casas. Me toc\u00f3 caminar por 30 minutos para llegar a la casa de mi hermana.Es indescriptible la sensaci\u00f3n de alivio, alegr\u00eda y consuelo de saber que esa pesadilla hab\u00eda terminado. Lloramos todas juntas. Sab\u00eda que aun deb\u00eda permanecer 15 d\u00edas de cuarentena, pero al menos estaba en casa.<\/p><\/p>\n\n\n\n<p><p>Me han preguntado si saldr\u00eda nuevamente del pa\u00eds. La verdad es que no s\u00e9. Si me fuera, tendr\u00eda que tener la seguridad de un trabajo estable, porque no quiero que mis hijas vuelvan a pasar por lo mismo. La situaci\u00f3n en Venezuela es muy dif\u00edcil, s\u00ed. Pero al menos aqu\u00ed nadie las va a echar a la calle, porque est\u00e1n en su casa.<span style=\"letter-spacing: 0em;\"> <\/span><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras trataba de buscar estabilidad y una mejor calidad de vida para mis tres hijas, las expuse sin querer a las angustiosas condiciones en el camino.<\/p>\n","protected":false},"author":22,"featured_media":4892,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_uag_custom_page_level_css":"","_lmt_disableupdate":"no","_lmt_disable":"","footnotes":""},"categories":[260,910],"tags":[302,301,194,2214,303],"class_list":["post-4917","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-conflicto","category-exclusive","tag-bogota-es","tag-colombian-migration-es","tag-covid-19-es","tag-latinoamerica","tag-un-refugee-agency-es"],"acf":[],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO Premium plugin v27.4 (Yoast SEO v27.4) - 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