{"id":92173,"date":"2024-05-28T03:00:00","date_gmt":"2024-05-28T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/orato.world\/?p=92173"},"modified":"2024-05-28T03:00:05","modified_gmt":"2024-05-28T10:00:05","slug":"una-trabajadora-del-sexo-en-el-mayor-barrio-rojo-de-asia-relata-sexo-drogas-y-abusos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/orato.world\/es\/2024\/05\/28\/una-trabajadora-del-sexo-en-el-mayor-barrio-rojo-de-asia-relata-sexo-drogas-y-abusos\/","title":{"rendered":"Una trabajadora del sexo en el mayor Barrio Rojo de Asia relata sexo, drogas y abusos"},"content":{"rendered":"<div class=\"lets-info-up-wrap  lets-info-up--right lets-info-up--m-1 lets-info-up-skin-1 lets-info-up--side\">\t\t\t<div class=\"lets-info-up\">\r\n\t\t\t<div class=\"lets-info-up-fi\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"500\" src=\"https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/Subjectt-500x500.jpg\" class=\"attachment-lets-info-up-d1 size-lets-info-up-d1\" alt=\"Kakoli Das works as a sex worker in Sonagachhi, Asia\u2019s biggest red light district\" srcset=\"https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/Subjectt-500x500.jpg 500w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/Subjectt-300x300.jpg 300w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/Subjectt-100x100.jpg 100w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/Subjectt-400x400.jpg 400w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/Subjectt-150x150.jpg 150w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/Subjectt-70x70.jpg 70w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/Subjectt-293x293.jpg 293w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/Subjectt.jpg 639w\" sizes=\"auto, (max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/div>\t\t\t<div class=\"lets-info-up-block-wrap\">\r\n\t\t\t\t<div class=\"lets-info-up-block lets-info-up-meta-block\"><div class=\"lets-info-up-meta-title lets-info-up-pretitle font-h\">NOTAS DEL PERIODISTA<\/div><\/div><div class=\"lets-info-up-block lets-info-up-meta-block\"><div class=\"lets-info-up-meta-title lets-info-up-pretitle font-h\">PROTAGONISTA<\/div><div class=\"lets-info-up-meta-content lets-info-up-title font-b\">Kakoli Das, de 46 a\u00f1os, es trabajadora sexual en Sonagachi, la mayor zona roja de Asia, en Calcuta (Bengala Occidental, India). Kakoli ten\u00eda 16 a\u00f1os cuando lleg\u00f3 a Sonagachhi y nunca pudo escapar. En cambio, eligi\u00f3 las drogas como distracci\u00f3n y analg\u00e9sico para el trabajo. Con el tiempo se volvi\u00f3 sobria y ayuda a otras mujeres, pero contin\u00faa con la prostituci\u00f3n, enviando dinero a su familia con regularidad.<\/div><\/div><div class=\"lets-info-up-block lets-info-up-meta-block\"><div class=\"lets-info-up-meta-title lets-info-up-pretitle font-h\">CONTEXTO<\/div><div class=\"lets-info-up-meta-content lets-info-up-title font-b\">Sonagachi, situada en Calcuta (Bengala Occidental, India), acoge a m\u00e1s de 17.000 profesionales del sexo y es la mayor zona roja de Asia. Las mujeres suelen ser v\u00edctimas de la trata, y algunas vienen voluntariamente para ganar dinero. Los caminos de Sonagachhi est\u00e1n llenos de historias, sobre todo de mujeres que se han visto obligadas a vivir desesperadas y aisladas de la sociedad. Hasta hace unos a\u00f1os no ten\u00edan identidad ni derecho de voto, pero eso ha cambiado. Su existencia en la sociedad a menudo se descuida y se considera una mancha permanente.<br>M\u00e1s informaci\u00f3n: <a href=\"https:\/\/www.dailymail.co.uk\/news\/article-3188393\/Inside-Asia-s-largest-red-light-district-hundreds-multi-storey-brothels-home-prostitutes-72-year-old-women-t-bring-leave-wives-fleeing-violent-husbands.html\">Sonagachi, el mayor barrio rojo de Asia, con cientos de burdeles | Daily Mail Online<\/a><\/div><\/div>\t\t\t<\/div>\r\n\t\t\t<\/div>\r\n\t\t<\/div>\r\n\t\t\n<p><em>Advertencia: Esta historia contiene una descripci\u00f3n gr\u00e1fica de la prostituci\u00f3n\/trabajo sexual y puede no ser adecuada para algunos lectores.<\/em><\/p>\n\n<p>KOLKATA, India &#8211; La gente nos desprecia f\u00e1cilmente [as sex workers], juzg\u00e1ndonos desde la comodidad de sus hogares. Sin embargo, \u00bfhasta qu\u00e9 punto nos conocen realmente a nosotros, a los que consideran una mancha permanente en la sociedad? Mi vida no consiste en vender mi cuerpo por placer. Las circunstancias me moldearon y me condujeron a esta tumba profunda e implacable. Una vez que llegu\u00e9, no vi ning\u00fan medio para escapar de mi vida como trabajadora sexual. Sin embargo, mantengo la cabeza alta.<\/p>\n\n<p>Antes de mi vida en el burdel, nadie me ayudaba cuando m\u00e1s lo necesitaba. La gente me traicion\u00f3, dej\u00e1ndome sin otra opci\u00f3n que navegar sola por un camino traicionero. El burdel se convirti\u00f3 en mi hogar y mi refugio. Me ofreci\u00f3 cobijo y medios para sobrevivir, aunque mi supervivencia tuvo un coste.<\/p>\n\n<p><em><a href=\"https:\/\/orato.world\/?s=India+\">Ver m\u00e1s reportajes sobre India en Orato World Media. <\/a><\/em><\/p>\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-life-as-a-sex-worker-in-asia-s-largest-red-light-district-in-india-nbsp\">La vida de una trabajadora del sexo en el mayor barrio rojo de Asia (India) <\/h2>\n\n<p>A los 16 a\u00f1os, me encontraba en Sonagachi, uno de los mayores barrios rojos de Asia, situado en Calcuta, en Bengala Occidental (India). Un tr\u00e1gico accidente dej\u00f3 a mi padre sin piernas. Como jornalero, sus ya insuficientes ingresos no alcanzaban para mantener a nuestra familia de cinco miembros. Necesitaba buscar empleo y me fui a Calcuta. Ingenua e inculta, no supe discernir las intenciones de quienes me rodeaban. En poco tiempo, ciertas personas me llevaron por un camino que nunca quise tomar. Eso fue hace dos d\u00e9cadas.<\/p>\n\n<p>Como adolescente, no ignoraba que me vend\u00edan para trabajar en la industria del sexo. Sin embargo, como los que me compraron me llevaron a las callejuelas prohibidas de Sonagacchi, carec\u00eda de medios para escapar. La vigilancia sigue siendo constante, con individuos que, como esp\u00edas, vigilan constantemente todos nuestros movimientos. Como todas las chicas nuevas que llegan, los proxenetas y los due\u00f1os de los burdeles manten\u00edan un f\u00e9rreo control sobre m\u00ed. Castigaban con brutalidad cualquier intento de fuga. <\/p>\n\n<p>En alg\u00fan momento me plante\u00e9 huir de este lugar, pero las historias de chicas asesinadas o que sufr\u00edan las consecuencias de sus actos me aterrorizaban. Cre\u00eda que vivir en este lugar infernal era preferible a la muerte. Hoy soy una de las 17.000 trabajadoras del sexo atrapadas en la red de desesperaci\u00f3n que envuelve al distrito. El mundo exterior, al emitir juicios y acusaciones, no ve la realidad de nuestras vidas detr\u00e1s de la fachada. <\/p>\n\n<p>Cientos de personas me rodeaban cuando llegu\u00e9 al Barrio Rojo, pero parec\u00edan indiferentes a mi dif\u00edcil situaci\u00f3n. Al sentirme atrapada, la desesperaci\u00f3n me carcom\u00eda. Sab\u00eda que nadie vendr\u00eda en mi ayuda. Si lograba escapar de los muros del burdel, el peligro aguardaba fuera. Seguramente, alguien me atrapar\u00eda y me arrastrar\u00eda de vuelta a mi prisi\u00f3n o abusar\u00eda de m\u00ed en las calles. <\/p>\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-trapped-in-a-brothel-slipping-into-drug-addiction-nbsp\">Atrapado en un burdel: caer en la drogadicci\u00f3n <\/h2>\n\n<p>Con el tiempo, me resign\u00e9 a esta sombr\u00eda existencia y acept\u00e9 mi destino de trabajadora sexual sin oponer resistencia. El dolor emocional y f\u00edsico se convirtieron en compa\u00f1eros constantes. El d\u00eda de mi 18 cumplea\u00f1os, las chicas del burdel decidieron salir a cenar. Limitamos nuestras salidas a las calles cercanas, pero incluso all\u00ed encontramos una apariencia de normalidad. En un modesto restaurante cercano, el due\u00f1o, los camareros y los clientes compart\u00edan el mismo mundo que nosotros. Nos olvidamos moment\u00e1neamente de nuestras circunstancias.<\/p>\n\n<p><\/p>\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"994\" height=\"710\" src=\"https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/inside.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-92147\" srcset=\"https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/inside.jpg 994w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/inside-300x214.jpg 300w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/inside-770x550.jpg 770w, https:\/\/orato.world\/wp-content\/uploads\/inside-560x400.jpg 560w\" sizes=\"auto, (max-width: 994px) 100vw, 994px\" \/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Tras superar su adicci\u00f3n a las drogas, Kakoli asesora ahora a otras trabajadoras del sexo para que logren la sobriedad. | <strong>Foto cortes\u00eda de Priyanka Chandani<\/strong><\/figcaption><\/figure>\n<\/div>\n<p><\/p>\n\n<p>Esa noche, cuando nos prepar\u00e1bamos para salir a cenar, llegaron algunos clientes al burdel. Cuando volvimos, nos fuimos directamente a nuestras habitaciones, cada una cumpliendo su papel con los clientes de una forma inerte, distante y automatizada. Durante esta rutina, destac\u00f3 un cliente. Me ofreci\u00f3 coca\u00edna como escape de la realidad. La primera vez que la tom\u00e9, la droga me golpe\u00f3 con fuerza, dej\u00e1ndome con n\u00e1useas. <\/p>\n\n<p>Sin embargo, poco a poco, con el tiempo, la adicci\u00f3n se afianz\u00f3 y difumin\u00f3 los bordes de mi dolor. Las drogas me ofrec\u00edan consuelo temporal. Adormec\u00eda la angustia que sent\u00eda cada d\u00eda. Pronto, su seductora m\u00e1scara me ocult\u00f3 de la oscuridad en la que estaba envuelta. Las drogas acabaron esclaviz\u00e1ndome. Mendigaba dinero y comerciaba con clientes para conseguir mi dosis. Mientras los due\u00f1os de los burdeles orquestaban todos los tratos con los clientes, en aquellos d\u00edas de desesperaci\u00f3n, yo rogaba a los clientes que me dieran propinas en secreto, asegur\u00e1ndome de que el due\u00f1o del burdel no se enteraba de mis ganancias extra.<\/p>\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-an-ngo-helps-sex-worker-escape-drug-addiction\">Una ONG ayuda a una trabajadora sexual a salir de la drogadicci\u00f3n<\/h2>\n\n<p>Perd\u00ed peso, mi rostro palideci\u00f3 y enferm\u00e9 con frecuencia a medida que mi aspecto se deterioraba. Las drogas me consum\u00edan. Si no traes negocio\u00bb, advirti\u00f3 el hermano propietario, \u00abte enfrentar\u00e1s al aislamiento\u00bb. La miseria que sent\u00eda como mera prostituta antes de la drogadicci\u00f3n se magnificaba a medida que consum\u00eda m\u00e1s coca\u00edna. Cuando encontr\u00e9 una ONG dispuesta a apoyarme con numerosos tratamientos y terapias para superar mi adicci\u00f3n de dos a\u00f1os, particip\u00e9 voluntariamente <\/p>\n\n<p>Al deshacerme de mi dependencia de la coca\u00edna y otras drogas baratas, recuper\u00e9 algo de libertad. Al tiempo que las drogas me distra\u00edan de la verdad y el dolor de mi existencia, tambi\u00e9n me alejaban de la humanidad. Dej\u00e9 de preocuparme por nadie ni por nada. En la sobriedad, desarroll\u00e9 un profundo deseo de ayudar a otros que sufren como yo. Ahora aconsejo a mujeres del burdel y de otros \u00e1mbitos de nuestra comunidad sobre la adicci\u00f3n, centr\u00e1ndome en ayudar a otras a evitar el camino que yo recorr\u00ed una vez.<\/p>\n\n<p>Desde mis inicios en el trabajo sexual, hace 20 a\u00f1os, los tiempos han cambiado. Hoy, hacemos valer lo que valemos, fijamos nuestros precios y s\u00f3lo pagamos al hermano propietario el alquiler de la habitaci\u00f3n. Atendemos a todo tipo de clientes. J\u00f3venes, viejos, de mediana edad, ricos, pobres, solteros, casados, divorciados, sobrios, borrachos&#8230; todo tipo de personas de la \u00absociedad respetable\u00bb acuden a este lugar. A veces, incluso nos hablan de sus problemas con sus esposas o socios.<\/p>\n\n<p>A lo largo de los a\u00f1os, he tratado con unos cuantos clientes violentos, saliendo de la habitaci\u00f3n magullada y golpeada o con sangre en mis piernas. Esto ocurr\u00eda sobre todo con clientes borrachos o cuando yo insist\u00eda en tomar precauciones. Algunos clientes te abofetean en cuanto dices algo. Te agarran del pelo con tanta fuerza que apenas puedes respirar y empiezan a darte bofetadas y golpes en el est\u00f3mago. La violencia termina con sexo violento. <\/p>\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\" id=\"h-abuse-can-be-life-threatening-but-the-district-became-her-home\"><strong>El maltrato puede poner en peligro la vida, pero el distrito se convirti\u00f3 en su hogar<\/strong><\/h2>\n\n<p>Un recuerdo inquietante destaca sobre todos los dem\u00e1s, cuando un cliente me oblig\u00f3 a practicar sexo anal. Abus\u00f3 de m\u00ed desde el momento en que entr\u00f3 en la habitaci\u00f3n. Borracho y apestoso, acababa de matar a otra persona con un cuchillo. Su camisa manchada de sangre ocultaba la navaja que llevaba en el bolsillo del pantal\u00f3n. El miedo se apoder\u00f3 de m\u00ed, pero sab\u00eda que no durar\u00eda mucho. Mientras me asaltaba, grit\u00e9 como si mi vida dependiera de ello. <\/p>\n\n<p>Su pene parec\u00eda de hierro, caus\u00e1ndome un dolor insoportable. A pesar de mi agon\u00eda, escap\u00e9, huyendo de la habitaci\u00f3n. El burdel estall\u00f3 en caos. El hombre, ahora desnudo y empu\u00f1ando un cuchillo, me persigui\u00f3. El due\u00f1o del burdel llam\u00f3 a los proxenetas, que lo detuvieron y denunciaron a la polic\u00eda. Aquella noche se grab\u00f3 en mi memoria mientras luchaba en\u00e9rgicamente por sobrevivir. <\/p>\n\n<p>En Sonagachi, nuestras tarifas var\u00edan. Algunas cobran entre 3.000 y 4.000 rupias (entre 36 y 48 d\u00f3lares) por hora, mientras que otras exigen menos. Incluso hay quien ofrece sus servicios por tan s\u00f3lo 200 rupias (2,40 d\u00f3lares). Muchas mujeres carecen de residencia permanente y alquilan habitaciones. Otras buscan clientes en la calle, cuando regresan a casa despu\u00e9s de un d\u00eda de trabajo, cargadas con sus ganancias. Sus familias desconocen sus actividades.<\/p>\n\n<p>Algunas mujeres tienen hijos con trabajos lucrativos fuera de Calcuta, pero siguen prostituy\u00e9ndose. Es dif\u00edcil entender por qu\u00e9, pero quiz\u00e1 se han acostumbrado a este estilo de vida. A diferencia de estas mujeres, yo no tengo otro lugar al que llamar hogar. Mi familia vive en un peque\u00f1o pueblo cerca de Orissa, y conocen mi trabajo aqu\u00ed. Les env\u00edo dinero todos los meses, que aceptan encantados. No me recibir\u00edan de vuelta. Nuestras familias prefieren mantener las distancias con nosotros. A pesar de mis esfuerzos, siempre me etiquetan como prostituta, una etiqueta que me persigue como una sombra. Sonagachi es ahora mi hogar, y las mujeres de aqu\u00ed son mi familia. <\/p>\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nos abofetean en cuanto decimos algo. A continuaci\u00f3n, nos agarran del pelo con tanta fuerza que no podemos ni respirar, y luego empiezan a darnos bofetadas y golpes en el est\u00f3mago. 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