Fiesta de las Flores y las Palmeras en El Salvador

PANCHIMALCO, El Salvador-Cientos de personas se reunieron el pasado fin de semana para celebrar el Festival Anual de Flores y Palmas en el pueblo de Panchimalco, ubicado en el departamento de San Salvador.

Se celebra todos los años el primer fin de semana de mayo para festejar a la Virgen María y dar comienzo a la estación lluviosa. Además de la procesión religiosa que culmina en una misa, el acontecimiento incluye celebraciones durante todo el día, bailes, música y comida.

Miles de palmeras y flores de vivos colores y la mezcla de tradiciones católicas e indígenas hacen de esta fiesta una de las más llamativas de El Salvador.

Todas las fotos son de Beatriz Rivas

Diversos grupos marchan por condiciones laborales adecuadas y protección de los trabajadores en Bogotá

BOGOTÁ, Colombia—El 1 de mayo, más de 4000 personas marcharon por las calles del centro de Bogotá para conmemorar el Día Internacional del Trabajo. Este feriado nacional reconoce el trabajo realizado por los trabajadores en todo el país, así como las malas condiciones, las violaciones de los derechos humanos, los bajos salarios y otras injusticias que aún enfrentan muchos trabajadores.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la tasa de desempleo del país a marzo de 2022 fue de 12,1%, frente al 14,7% de marzo de 2021.

A pesar de esa caída, más de 5,65 millones de colombianos se encuentran empleados en el sector informal a noviembre de 2021, sin aportes garantizados a su seguridad social. Esa cifra representa el 48% de los ocupados en las 23 principales ciudades del país.

La marcha de este año reunió a diversos grupos sociales y políticos, con banderas amarillas, blancas y rojas llenando el aire mientras marchaban. Los manifestantes incluyeron representantes de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT); la Federación Colombiana de Educadores (FECODE); Juventud Comunista de Colombia (JUCO); la Asociación Distrital de Trabajadores y Trabajadores de la Educación (ADE), el Partido Colombiano del Trabajo (PTC), y el Partido Comunes, nacido de la ex guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Cosechas abundantes en El Salvador mientras el país celebra el Día Internacional del Trabajo

SONSONATE, El Salvador—Cada 1 de mayo, El Salvador celebra el Día Internacional del Trabajo. Esta fiesta nacional reconoce el trabajo realizado por los trabajadores en todo el país, así como las malas condiciones, las violaciones de los derechos humanos, los bajos salarios y otras injusticias que aún enfrentan muchos trabajadores.

En El Salvador, la agricultura representa una función crítica en la producción de alimentos básicos, el bienestar de las zonas rurales y la generación de ingresos y empleos. Da empleo al 18,6% de la población económicamente activa. Sin embargo, existe la preocupación de que la población agrícola envejezca cada vez más a medida que los jóvenes acuden en masa a las zonas urbanas en busca de más oportunidades.

Las colinas fértiles del norte y oeste de El Salvador producen la mayoría de los cultivos. En departamentos como Chalatenango, Sonsonate y Santa Ana, las carreteras atraviesan kilómetros de campos de maíz, café, arroz, caña de azúcar y hortalizas. El café, «oro rojo», es el cultivo comercial más grande del país.

Todas las fotos por Beatriz Rivas

Personas ciegas encuentran vocación haciendo colchones en El Salvador

Pastor Echeverría
PROTAGONISTA
Pastor Echeverría perdió la vista a la edad de 28 años. Ahora hace colchones a mano junto con otras cinco personas ciegas o con problemas de visión en la Colchonería Santa Lucía.
CONTEXTO
Al 2018 había en El Salvador aproximadamente 118,525 adultos con algún tipo de discapacidad visual, lo que representa el 2% de la población del país.

Las personas con discapacidad visual enfrentan falta de accesibilidad continua y de políticas públicas en áreas como infraestructura pública y transporte, educación y empleo.

Para más información visite:
Asociación de Ciegos de El Salvador
Asociación Nacional de Ciegos Salvadoreños

SAN SALVADOR, El Salvador— Con sólo el tacto a nuestra disposición, mis colegas y yo fabricamos colchones y almohadas en la Colchonería Santa Lucía. Mi ceguera no me ha impedido aprender todas las cosas que se hacen aquí, pero al principio me asustó.

Después de quedarme ciego, no pensé que iba a poder dar la hora tocando un reloj, y mucho menos cortar y medir telas y hacer un colchón a mano. Fue difícil para mí aprender, pero mi deseo de aprender y a su vez poder enseñarlo a otros venció cualquier temor.

Mis nuevas habilidades me dan coraje y satisfacción con mi vida. Disfruto mi trabajo, mis manos son mi instrumento.

Mi vida cambia de la noche a la mañana cuando me quedo ciego

No me avergüenzo de decirlo, he llorado a mares por mi ceguera, pero siempre confío en la misericordia de Dios. Era duro, después de tener la vista, perder ese sentido tan importante. Sin embargo, nunca llegué al punto de pensar en quitarme la vida.

Comenzó con lo que pensé que era un problema leve. El médico me dijo en un principio que era una infección en el nervio óptico, pero en un examen posterior descubrieron que tenía cataratas. Me operaron, pero ya tenía un desprendimiento de retina y no se podía hacer nada. Mis limitaciones económicas no me permitieron buscar más tratamiento con un especialista. Ahora era un hombre ciego.

Antes de perder la vista, trabajaba en el campo: recogiendo café, fertilizando la milpa (campos de maíz) y haciendo lo que fuera necesario. Con eso, sobreviví. Sin embargo, una vez que me quedé ciego, tuve que pasar mucho tiempo sin hacer nada. Me sentí completamente encajonado por mis nuevas limitaciones.

Encontrar un nuevo comienzo en San Salvador

Cuando tenía aproximadamente 35 años, emigré del departamento de Cabañas a San Salvador, y mi padre me ayudó a ingresar a la Escuela para Ciegos. Fue difícil venir a la capital y adaptarse. Al principio sudaba de los nervios cada vez que caminaba por las calles y escuchaba los autos. He logrado superar muchos de esos miedos con el tiempo.

Cuando salí de la Escuela para Ciegos, pasé mucho tiempo desempleado, enviando solicitudes de trabajo de un lugar a otro, sin recibir respuesta. Fue un año completo sin trabajar. Después llegué a la Asociación de Ciegos y me abrieron sus puertas en 1984.

Finalmente comencé a trabajar haciendo materiales para baños, y fue allí donde conocí a dos compañeros que ya sabían hacer colchones. Me enseñaron a mi vez y decidí unirme a ese emprendimiento, viendo la falta de oportunidades para mi sector actual.

Aquí fabricamos colchones y tapetes de algodón. Paso gran parte de mi tiempo aquí, pero también trato de encontrar el equilibrio y dedicarle tiempo a mi esposa, quien ha estado conmigo desde antes de que me quedara ciego. Ella es mi única familia, porque no tenemos hijos.

Cómo hacer un colchón sin vista

Empecé con colchones sencillos y productos pequeños. Al principio no me estaban quedando muy bien, pero poco a poco fui aprendiendo y mejorando. Ahora me enorgullezco de ofrecer un trabajo de calidad y me esfuerzo por ofrecer y fabricar nuevos productos.

Actualmente, mi rol es ayudar en el corte de telas para nuestros productos. Yo me encargo del corte de las cubiertas, luego se pasa a la etapa de costura y finalmente al forrado.

Con el tiempo, he aprendido a identificar las telas al tacto, colocando cuidadosamente mis manos encima y tratando de sentir cada parte de su superficie. Las telas lisas son las más difíciles de trabajar, la falta de características distintivas lo hace más complicado para mí. Sin embargo, a veces eso es lo que tienes que usar.

Para empezar, saco la tela del rollo y la escuadro en mi mesa (mide 2,40 por 1 metro, o 7,8 por 3,2 pies) para que el corte quede parejo en largo y ancho. La mesa es mi guía, me muestra a dónde ir. Doblo el material en dos partes, coloco mi dedo índice en la punta de las tijeras y empiezo a cortar lentamente. A veces también uso mi pulgar montado en el otro dedo, por lo que hay menos posibilidades de lastimarme.

Usar tijeras me asustó al principio, pero también lo aprendí para superar esta actividad con el tiempo. Aunque me he cortado varias veces y todavía sucede de vez en cuando, mis temores se han disipado.

De vez en cuando también ayudo a cortar espuma de diferentes tamaños; se miden utilizando el método braille. Después de cortar la tela, los otros socios cosen y luego los productos se derriten.

Resistiendo con un producto artesanal.

Todos los que trabajamos aquí somos ciegos. Aunque nuestro trabajo es de alta calidad, luchamos porque nuestro proceso tradicional, artesanal y no industrial significa que nos lleva más tiempo hacer los productos. Nuestros clientes a veces nos dicen que los colchones comerciales son más baratos, pero les mostramos nuestro proceso para que puedan apreciar la calidad que obtienen.

Tampoco podemos producir grandes cantidades a la vez, y lo que podemos ganar sufre como resultado.

El salario no me alcanza; antes de la pandemia estaba un poco mejor, pero ahora vengo a trabajar un poco solo para ayudar, sabiendo que no ganaré lo suficiente para mantener a mi familia. Sin embargo, me siento satisfecho con mis compañeros de trabajo. Nuestro equipo se apoya mutuamente.

Hay días buenos y malos. Hago un esfuerzo por publicitar nuestros productos y, a veces, tenemos suficientes proyectos para mantenernos ocupados. Cuando hay mucho trabajo, incluso involucramos a familiares para que nos apoyen.

Aunque nos encontramos con desafíos en la Colchonería Santa Lucía, me siento bien a pesar de todo. Antes mendigaba trabajo; desde que aprendí este nuevo oficio me siento increíblemente orgullosa y satisfecha cuando termino un nuevo producto. Este logro no es solo por mi esfuerzo sino por lo que Dios me ha logrado. Me llena de alegría.

Todas las fotos por Cecilia Fuentes

Activistas argentinos protestan para conmemorar el Día de la Tierra 2022

BUENOS AIRES, Argentina—El 22 de abril marcó el Día de la Tierra 2022, cuyo tema fue “Invertir en nuestro planeta”. En Argentina, varios grupos sociales y políticos, organizaciones de defensa, comunidades indígenas e individuos se movilizaron para protestar por mejores protecciones ambientales y acciones del gobierno.

Los problemas y preocupaciones ambientales recientes en el país incluyen eventos climáticos extremos, como el aumento de incendios forestales e inundaciones; actividades mineras a gran escala por parte de empresas internacionales que están causando contaminación y escasez de agua para las comunidades indígenas; y la aprobación largamente postergada de la Ley de Humedales, que «regularía, protegería y conservaría» los humedales biodiversos de Argentina.

Todas las fotos por Eva Velázquez

Padre e hijo con autismo encuentran conexión y libertad encima de una bicicleta tándem

Juan Zemborian
PROTAGONISTA
Juan Zemborian, arquitecto y padre de dos hijos, fundó la organización sin fines de lucro Empujando Límites después de darse cuenta de los beneficios de usar una bicicleta tándem con su hijo, que tiene autismo y otras discapacidades.
CONTEXTO
Empujando Límites: El objetivo de la organización es «promover el uso de bicicletas tándem y brindar a las comunidades esta herramienta para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad».
Empujando Límites espera que a través del tándem “muchas personas puedan acercarse a llevar una vida mejor haciendo deporte, disfrutando de la naturaleza y utilizándola como elemento de unión para lograr la inclusión, empezando por la familia y continuando con el resto de la sociedad”.
Para más información, sigue Empujando Límites en Instagram y Facebook.


Día Mundial del Autismo: El 2 de abril es el Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, y se llevan a cabo diferentes eventos culturales, de concientización y de celebración en todo el mundo para conmemorar la ocasión.

Empujando Límites realizó una marcha comunitaria en bicicleta que reunió a personas con autismo, trastornos generalizados del desarrollo (TGD) y trastorno del espectro autista (TEA), sus familias y miembros de la comunidad en general para crear conciencia, compañerismo y apoyo.


Autismo: obtenga más información sobre el autismo y el trastorno del espectro autista en los siguientes recursos:
La Sociedad de Autismo
Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades

BUENOS AIRES, Argentina—Ser padre cambia todas tus prioridades. Cuando nació mi hija Anita, sentí una felicidad más allá de lo que podría haber imaginado; luego llegó Santiago y terminó revolucionando todo lo que creía saber.

Un diagnóstico de autismo inicia una nueva etapa de la vida

Al principio no notamos mucha diferencia entre Santi y su hermana, pero cuando tenía 10 meses, mi hermana psicóloga nos alertó que se estaba comportando de manera diferente a otros de su edad. Le siguieron los diagnósticos de retraso en el desarrollo e hipotiroidismo, seguida de hipotonía muscular y, finalmente, trastorno del espectro autista (TEA).

Que me dijeran que mi hijo tenía TEA marcó un antes y un después. Ya no se trataba de tratar las diversas condiciones de Santi con medicamentos y/o terapias; tuvimos que transformar nuestra actitud como familia para generar cambios positivos en su vida y en su forma de vivir el mundo.

Mi primera prioridad era conectarme con el mundo de Santi. Primero traté de hacer esto a través del «tiempo de suelo», una terapia en la que me acostaba en el piso y lo miraba a los ojos durante horas. Entonces, mis pensamientos se movieron hacia el ejercicio, con la esperanza de encontrar formas de conectar y fortalecer su cuerpo.

Descubrir la bicicleta como vínculo y método de superación

Casi por casualidad, encontramos lo que nos une hasta el día de hoy y nos ayuda a superar los límites.

Al principio jugamos al tenis, a nuestra manera única, pero jugamos. Sin embargo, noté que le gustaba mucho más pedalear en bicicleta. Le generaba una alegría tremenda. Me di cuenta de que podía pasar mucho más tiempo con él haciendo esa actividad, y eso me avivó el deseo de hacerlo de la mejor manera posible.

Primero comenzó con un triciclo, conmigo corriendo detrás de él. Sin embargo, pasó el tiempo, Santi creció y, finalmente, las ruedas explotaron por su peso.

Le enseñamos a andar en bicicleta solo, una tarea desafiante. No sabía qué hacer ni qué decir para despertar su ilusión y ganas de hacerlo, hasta que un día, cuando tenía unos 7 años, le dije sin pensarlo mucho: «Santi, tienes que aprender a andar en bicicleta» solo porque cuando cumplas 15 años vamos a cruzar la cordillera de los Andes y llegar al océano Pacífico”.

No sé si entendió la magnitud del desafío, de hecho, creo que ni siquiera lo entendí realmente, pero nos motivó a ambos.

La pieza final del rompecabezas: una bicicleta tándem

A los 12 años, Santi había dominado en gran medida andar en bicicleta. Sin embargo, un pequeño detalle dificultaba la conducción y el entrenamiento: no estaba interesado en usar los frenos. Le encantaba sentir el viento en la cara y descubrir los nuevos lugares que le esperaban más adelante, sus intereses no incluían frenar y acabar con todo eso.

Sin embargo, nos adaptamos y diseñé una especie de freno de mano adjunto a la parte trasera de su bicicleta que podía operar. Aunque nunca fui muy deportista, lo acompañaba en los paseos a diario para poder detenerlo si era necesario.

Un día, conocí a un guía turístico local en una reunión de padres en la escuela de mi hija. Le hablé de mi idea de cruzar los Andes con Santi y le expresé mis dudas de que alguna vez pudiéramos concretarlo. Respondió que había cruzado los Andes con un ciego.

Me sentí asombrado: comprender que un viaje así fuera posible para otras personas con discapacidades abrió un mundo completamente nuevo de expectativas para mí. Así conocí las bicicletas tándem o dobles, que permiten a dos ciclistas andar juntos en la misma bicicleta.

Superando desafíos inesperados

Emocionados por nuestro nuevo descubrimiento, nos topamos con otra barrera; en Argentina, las bicicletas tándem eran difíciles de encontrar, además de caras y pesadas.

Sin embargo, la zona costera de Miramar es conocida por bicicletas únicas. Íbamos allí y alquilábamos un tándem cada vez que podíamos, pedaleando en esa pesada y antipática bicicleta de un lado a otro de la costa.

Me di cuenta de lo bueno que era para él. Sí, ayudó a su desarrollo muscular, pero mucho más importante, finalmente se conectó con su mundo interior.

Recaudamos fondos y finalmente logramos comprar una bicicleta doble, adaptándola para nuestro futuro viaje. Con mucho esfuerzo y entrenamiento, registrando 80 kilómetros (50 millas) cada fin de semana, finalmente logramos nuestra meta y logramos nuestro desafío.

Nace Empujando Límites

Si bien fue un logro físico asombroso, ver a mi hijo ganar confianza durante nuestras millas de pedaleo significó mucho más para mí. La experiencia me enseñó algo crucial: los miedos no desaparecen, pero podemos aprender a tolerarlos y desafiarlos.

Sabía que no podía guardarme este descubrimiento; quería correr la voz sobre lo que habíamos encontrado en nuestra bicicleta tándem. Quería compartir nuestra nueva conexión, la confianza de mi hijo, este deporte inclusivo que acoge a todos, independientemente de la discapacidad. Así nació Empujando Límites (Asociación Civil Empujando Límites), para la inclusión en el ciclismo de personas con discapacidad y sus familias.

Todas las fotos por Jaime Andrés Olivos

¿La clave para cultivar loroco? Según una familia de cultivadores, es el toque femenino

Guillermo Marroquín
Interview Subject
Guillermo Marroquín, leader of the San Pedro Masahuat Loroqueros Agricultural Association in the Department of La Paz, El Salvador.
Background Information
Loroco is a perennial plant native to Central America. The flowers are a key component to Salvadoran cuisine; specifically, it is often an ingredient in pupusas, a corn-based dish popular in El Salvador.

EL ACHIOTAL, El Salvador— Bajo un sol intenso, la extensa familia Marroquín-Gavidida—madres, hijas, tías, esposas y sobrinas—trabajan juntas en el campo. Dedican sus esfuerzos a cultivar esquejes de loroco en un vivero especial construido para su producción, como parte de un esfuerzo por fomentar el desarrollo rural y erradicar el hambre a nivel local.

Guillermo Marroquín compara el loroco con una rosa; florece con el suave toque de una mujer frente al de un hombre. Dice que las manos de las mujeres de su familia tienen un toque especial para hacer la planta más grande y robusta, logrando que sus hojas estén más verdes y que se desarrolle más rápido.

Unas 32 personas en total trabajan en la finca. Los hombres realizan las tareas más pesadas y de mayor intensidad de mano de obra, mientras que las mujeres se encargan de la producción de esquejes y del cuidado de las plantas. Hacen la mayor parte de su trabajo por la noche, llenando los días con la cocina y el tiempo en familia.

Todas las fotos por Beatriz Rivas

Comunidad indígena desplazada que vive en parque de Bogotá exige derechos básicos y seguridad

Ángel Queragama
PROTAGONISTA
Ángel Queragama es miembro de la comunidad indígena Embera Katío, una de las más afectadas por los años de conflicto armado entre el gobierno y la guerrilla en Colombia. Vive en el Parque Nacional Bogotá con su esposa, cuatro hijos, suegra, cuñada y sobrinos.

Ángel abandonó su territorio en el municipio de Pueblo Rico, en Risaralda (ubicado en el centro-occidente de Colombia) en 2016 debido a la presencia de militantes armados que amenazaban a la comunidad en general y a la población indígena en particular.
CONTEXTO
Según el censo de población de Colombia de 2018, la población indígena del país es de 1,9 millones de personas, el 4,4% de la población total. En el país existen 115 poblaciones indígenas, de las cuales 68 se encuentran en riesgo de exterminio físico y cultural por causas asociadas al prolongado conflicto armado interno colombiano.

Estas causas incluyen “despojo de tierras, actos terroristas, amenazas, delitos contra la integridad sexual, desaparición forzada, desplazamiento, homicidios, minas terrestres, pérdida de bienes muebles e inmuebles, secuestro, tortura y participación de niños, niñas y adolescentes en el conflicto armado”.

Más de 1300 compañeros indígenas de 13 comunidades diferentes en todo el país, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, han estado viviendo en el Parque Nacional Bogotá en refugios improvisados desde septiembre de 2021, luego de que se agotaron los subsidios para alimentos y vivienda. Exigen que se cumplan sus derechos básicos y garantías de seguridad antes de regresar a sus territorios, a la espera de que alguien en el gobierno resuelva esta emergencia humanitaria.

A pesar de una prórroga de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras y una tutela reciente que establece que la alcaldía de Bogotá está obligada a garantizar a los desplazados servicios básicos de salud, alimentación y acceso a agua potable, los residentes del parque han visto pocos avances.

BOGOTÁ, Colombia—Dejé mi tierra hace seis años, amenazada por los grupos armados allí. No puedo volver, me matarán. No hay garantías de seguridad, incluso después de todos estos años. Ahora, mi familia y yo vivimos en refugios improvisados en el Parque Nacional de Bogotá, esperando que el gobierno brinde las protecciones que necesitamos para regresar a nuestros hogares.

Salimos de nuestros territorios por el conflicto armado y la violencia entre el gobierno y los grupos guerrilleros y paramilitares y no nos retiraremos de este parque hasta que el gobierno nacional cumpla sus promesas de seguridad, vivienda, empleo, educación y salud. No vamos a desocupar hasta que nos garanticen unas condiciones de vida dignas.

El gobierno nacional y el alcalde de Bogotá tienen que entender que el peligro aún persiste. No tenemos a dónde ir hasta que podamos regresar y vivir vidas seguras de donde venimos.

Un desplazado más en un país de desplazados

Antes de mudarme al parque en septiembre de 2021, vivía en el barrio de Santa Fé, uno de los más peligrosos de Bogotá. Vivíamos en una habitación en lo que se conoce como pagadiarios: mansiones viejas y abandonadas que se encuentran en condiciones ruinosas e insalubres. Sin embargo, a veces no podía reunir el dinero para pagar la habitación y por eso vinimos al parque.

Más de 1300 de nosotros vivimos en el parque; aproximadamente la mitad son niños. Vivimos en refugios informales tipo carpas, o cambuches, en el parque, y algunos ni siquiera tienen eso como protección.

Hace mucho frío aquí, con temperaturas que descienden por debajo del punto de congelación en las mañanas, y llueve mucho; luchamos para proteger a nuestras familias de los elementos. El clima es duro y difícil de soportar en la edad adulta, y más aún para los niños y los bebés. Algunos de ellos han sido hospitalizados debido a las duras condiciones climáticas.

Los que pertenecemos a una minga permanente, o a un grupo de defensa colectiva de sus comunidades y derechos indígenas, pertenecemos a 13 pueblos indígenas, con 13 lenguas diferentes. La mayoría de ellos no habla español y ninguno tiene a dónde ir, ni el dinero para obtener una vivienda más permanente o más saludable.

Sin comida, vivienda y condiciones dignas

Hemos aguantado muchos días solo con lentejas y arroz para comer, y muchos otros solo con arroz. Los adultos y los niños están perdiendo peso. Algunos transeúntes y vecinos nos dan ropa y comida, pero no es suficiente. El gobierno no nos da nada.

Demasiados días, no podemos encontrar un mercado para nuestras artesanías u oportunidades para trabajar, y es entonces cuando tenemos que pedir limosna en la calle.

Cada familia cocina en su cambuche y recoge leña y agua. Para evadir el frío, dormimos amontonados, como cerdos, bajo plástico. Los niños a menudo se despiertan llorando.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar viene casi a diario a pesar a los niños y les da harina como complemento alimenticio a los que tienen bajo peso. A veces llega el Ministerio de Salud con ambulancias. Ese es el único apoyo institucional que recibimos.

Buscando una vida digna

El gobierno nos discrimina, un prejuicio que hemos vivido desde la época colonial cuando los españoles vinieron a saquearnos. Nada ha cambiado desde entonces; somos ciudadanos de segunda clase. Nos han matado, robado nuestro oro y tomado nuestra tierra. Incluso nos sentimos discriminados por otros pueblos indígenas y organizaciones indígenas.

Vamos a seguir presionando al gobierno hasta que cumpla con nuestro derecho a una vida digna.

Nuestro grupo ha solicitado en varias ocasiones a la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, que nos dé audiencia, pero no ha dado la cara, sino que nos remite a delegados desinformados que no pueden establecer compromisos ni al Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD ). No hemos recibido nada de la administración distrital, solo presiones para volver a nuestras reservas.

Sin embargo, no queremos más masacres, más violencia, más discriminación. No podemos regresar hasta que nuestra seguridad y capacidad para mantenernos a nosotros mismos estén garantizadas.

Estudiantes y activistas protestan por la construcción de un oleoducto cerca de una escuela secundaria canadiense

BURNABY, Columbia Británica—Alrededor de 100 activistas, estudiantes y miembros de la comunidad se reunieron frente al Ayuntamiento de Vancouver el viernes 25 de marzo para protestar por la construcción de un oleoducto a 100 metros (328 pies, o aproximadamente del tamaño de un campo de fútbol americano) de la escuela secundaria Burnaby Mountain.

El proyecto es una expansión del oleoducto Trans Mountain, operado por Trans Mountain Corporation. Aumentará la capacidad del oleoducto de aproximadamente 300.000 barriles por día a 890.000 barriles por día y tiene una fecha de finalización estimada para el verano de 2023.

Las protestas por la expansión han estado ocurriendo regularmente durante el último mes, tanto frente al ayuntamiento como en el sitio de construcción.

Todas las fotos por Kevin Eugenio Tovar Aguilera

Militantes se manifiestan por el Día Internacinal de la Mujer en Colombia

PEREIRA, Colombia—Integrantes de organizaciones feministas y grupos sociales de varias ciudades de Colombia —entre ellas Bogotá, Cali, Medellín, Armenia y Manizales— salieron a marchar el 8 de marzo, en conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

En Pereira, el Encuentro de Mujeres de Risaralda, a través de eventos culturales y artísticos, reunió a mujeres para manifestarse contra la violencia de género y las violaciones a los derechos fundamentales que enfrentan las mujeres en Colombia. Los informes de abuso sexual y violación se duplicaron con creces en Colombia en un período de  20 años entre 1999 y 2019.

También hicieron un llamado a exigir justicia y reivindicarse como agentes esenciales para la transformación de la sociedad.

Todas las fotos por Margarita Rosa Rojas Torres

Descubriendo una pasión ecoturística en lo profundo de la Amazonía

Nicolás Latorre Rodríguez
PROTAGONISTA
Nicolás Latorre Rodríguez, 29, es oriundo de Bogotá. Desde hace más de nueve años vive en Inírida, la capital del departamento de Guainía, y desde 2018 lidera un proyecto ecoturístico en esta región: Nofako.

Es un amante de las orquídeas y considera a las plantas sus grandes consejeras o maestras; cuando tiene un problema se pregunta cómo solucionan sus carencias y cómo se adaptan. Nicolás continúa explorando nuevas rutas en esta región de Colombia para recibir a quienes sienten el llamado de “la tierra de muchas aguas”.
CONTEXTO
Guainía es un departamento de Colombia, rico en biodiversidad, hogar de los famosos Cerros de Mavicure y habitado casi exclusivamente por comunidades indígenas, incluidos los Curripacos, Puinaves y Cubeo.

En lengua indígena, Guainía traduce “tierra de muchas aguas”. El mejor ejemplo de esta definición es la Estrella Fluvial Inírida (a veces llamada Estrella Fluvial de Humboldt), cuyo epicentro está formado por la red de cuerpos de agua de los ríos Atabapo, Guaviare e Inírida. Estos se unen para formar los ecosistemas de las cuencas de la Orinoquía y la Amazonía.

INÍRIDA, Colombia—A los 19 años estaba buscando mi siguiente paso.

Crecí en Bogotá y había estudiado música en una universidad allí, pero tuve que irme por problemas económicos. Decidí viajar de mochilero por Colombia después de eso, lo que resultó en el robo de la mayoría de mis pertenencias. Con solo la ropa que llevaba puesta, regresé a Bogotá, pero no por mucho tiempo.

Mis padres me dieron el pasaje aéreo para venir por primera vez a la región del Guainía, y ahí empezó mi proceso de dejar atrás muchas cosas, cosas que no me llenaban, que no me permitían ser feliz.

Acabé en Guainía gracias a un tío abuelo que era vacunador en el hospital. Viajó solo por comunidades aisladas para vacunar a la gente. Todavía lo recuerdan. Incluso hay lugares recónditos de este territorio a los que he venido y cuando me preguntan quién soy les respondo que soy sobrino de Misael Mora y eso me ha abierto muchas puertas.

Aunque mi tío se enfermó y tuvo que irse a vivir a Meta, en el oriente de Colombia, también vivió en Vichada, en medio de la vecina región de la Orinoquía. Estas tierras tienen ese poder y esa magia para atrapar gente.

Descubriendo el paraíso

Cuando llegué a Inírida por primera vez, los vecinos me decían muchas veces que me iba a quedar. La verdad era que estaba buscando la independencia.

Yo ya había dejado la casa de mis padres y el lugar donde crecí, y tampoco quería quedarme en esta ciudad. Sin embargo, cuando encontré este lugar me pareció que estaba viviendo un sueño, era una especie de déjà vu.

Aquí utilizan un término que se asocia con estar enamorado, con sentirse maravillado y atraído: «pusana». Probablemente sea una palabra en alguna lengua indígena, no sé, pero lo que sí sé es que este lugar me “empusanó”. Me atrajo la esencia de la Amazonía, la historia de los antiguos pueblos que han habitado este lugar, los increíbles aromas de la multitud de flores y plantas.

A veces extraño la cordillera de los Andes de mi ciudad natal, pero nunca dejo de asombrarme con este lugar que ahora considero mi hogar. Conocer esta selva, toda esta inmensidad, ha sido el viaje de mi vida.

Lo que más me impactó la primera vez que vine fue que encontré lugares con los que había soñado. En ese momento dibujaba mucho, sobre todo cosas abstractas, y me preguntaba sobre el límite de lo que la naturaleza podía crear. Ella misma me mostró lo que era posible.

Nace ‘Nofako’, pero se estanca por la financiación

Antes de iniciar este proyecto, sentía que mi pasión era la música, las artes, ciertamente no el turismo. Incluso trabajé como músico y también realicé talleres con comunidades locales para el Ministerio de Educación. Eso me permitió conocer muchos lugares de Guainía, así como sus contextos sociales y ambientales. Cuando no estaba trabajando como instructor, era artesano, haciendo atrapasueños que me pagaban meses de alquiler.

Empecé a explorar varios lugares con amigos, organicé todo para ellos: transporte, comida, logística. Entonces, lo hacía sin cargo, por el placer de caminar y viajar.

En 2012 realicé el primer viaje a los cerros de Mavicure. He hecho ese viaje más de 30 veces desde entonces. Es un lugar mágico y poderoso.

Mi propuesta ecoturística, Nofako, que significa “Soy un río de aguas oscuras”, nació en 2018 con la idea inicial de montar un albergue. Con un amigo presentamos la propuesta y ganamos unos cursos de emprendimiento y fondos del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Colombia.

Ya teníamos todo listo para iniciar el emprendimiento del albergue, pero el gobernador en ese momento robó ese dinero y terminó en la cárcel mientras nosotros nos quedamos sin recursos para sacar adelante el proyecto. Sin embargo, me enseñaron cómo construir la propuesta, y el proyecto y las ideas estaban listas para funcionar.

Construyendo un sueño ecoturístico a partir de mariposas y flores

Ya no tenía los recursos para el albergue, pero sí tenía un amigo que quería montar una granja de mariposas. Sugerí que lo hiciéramos juntos y también incluyéramos el tema de las orquídeas. Adaptamos un pequeño lote que poseía y comenzamos a realizar talleres de educación ambiental. Sin embargo, en marzo de 2020 llegó la pandemia del COVID-19 a Colombia y tuvimos que suspender todo.

No todo estaba perdido. Ese año, trabajamos y mejoramos nuestra tierra. También comenzamos a rescatar orquídeas y bromelias de áreas deforestadas, y esta conservación ex situ nos llevó a considerar la idea de expandir nuestro emprendimiento. Debido al pequeño tamaño del lote, comenzamos a explorar nuevos caminos y diferentes rutas, lo que nos llevó a recorrer caminos ancestrales olvidados. Queremos retomarlas dentro de las propuestas de las rutas ecoturísticas que promuevo a través de Nofako.

Nuestro sueño es poder llevar desarrollo a las comunidades locales a través del turismo, que ellas sean las principales beneficiarias. No ha sido fácil, y otros problemas importantes, como la deforestación en beneficio de la ganadería, así como la tala y la quema, también amenazan la zona.

Mucha selva ha caído en el territorio ancestral, y rodeando a Inírida existen muchos lotes con ganado que antes eran monte, selva, bosque. Saber esto también es parte de la experiencia de visitar esta región.

Antes de comenzar este proyecto de Nofako, nunca se me pasó por la cabeza operar un negocio de ecoturismo. Pero cuando tomé la decisión de quedarme en esta tierra, lo hice con la convicción de que solo sería con la misión y propósito de ser un puente entre los viajeros y las comunidades indígenas de este territorio.