Crisis migratoria en Ceuta, España: ignorar a los más vulnerables también nos deshumaniza

La tragedia que siguió al ingreso de miles de migrantes marroquíes al enclave español de Ceuta exigía una respuesta humana y solidaria. Sin embargo, la derecha europea no tardó en aprovechar la excusa para exacerbar el odio contra los migrantes.

  • 2 meses ago
  • septiembre 1, 2026
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Crisis migratoria en Ceuta, España: migrantes en la frontera, policía española, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y un cartel que dice «La humanidad no tiene fronteras». Crisis migratoria en Ceuta, España: migrantes en la frontera, policía española, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y un cartel que dice «La humanidad no tiene fronteras».

Ideas clave

Decenas de miles de migrantes cruzaron desde Marruecos hacia el territorio español de Ceuta entre el 30 y el 31 de julio.
Más de 100 migrantes, entre ellos niños, murieron al intentar ingresar en Ceuta.
Distintos políticos antimigración de Europa y Estados Unidos aprovecharon la excusa para alimentar el discurso xenófobo y atraer a más votantes de cara a las próximas elecciones.
España ha sido criticada por otros países del espacio Schengen por su postura relativamente moderada frente a la inmigración.

La crisis migratoria de Ceuta debería haber puesto en el centro del debate una pregunta que Europa no puede esquivar: cómo responder con humanidad a un problema que no se resolverá cerrando los ojos ni convirtiéndolo en una disputa política. Sin embargo, cuando el mes pasado unas 72 000 personas cruzaron la frontera entre Marruecos y el pequeño enclave español, los migrantes volvieron a convertirse en el blanco de un discurso cada vez más hostil.

Más de 100 migrantes, entre ellos niños, murieron al tratar de entrar en el territorio autónomo español, en la costa norte de África, entre el 30 y el 31 de julio. Muchos se ahogaron al intentar rodear a nado la valla fronteriza. Otros murieron aplastados en una carrera desesperada para trepar un rompeolas fortificado.

La enorme mayoría regresó voluntariamente a Marruecos pocas horas después de haber llegado. Ninguno pisó la España continental, ubicada a unos 20 kilómetros, del otro lado del estrecho de Gibraltar.

Sin embargo, en lugar de despertar solidaridad o abrir un espacio para hablar de lo que había ocurrido, la tragedia de Ceuta fue cooptada por quienes se aprovechan de la crisis migratoria y la xenofobia para conseguir votos.

Dentro de poco habrá elecciones en Francia, España, Polonia e Italia, y el año que viene se prevén distintas elecciones regionales en Alemania: para algunos de los principales dirigentes de la derecha europea, esta crisis fue una oportunidad.

«Lo de Ceuta es una invasión y un acto de guerra», declaró Santiago Abascal, líder del partido español de extrema derecha Vox. Alice Weidel, copresidenta de Alternativa para Alemania (AfD), afirmó, sin aportar pruebas, que probablemente Alemania fuera «el destino de la mayoría de estos migrantes». Por su parte, Geert Wilders, líder del ultraderechista Partido por la Libertad de Países Bajos, tachó al cruce de «invasión islámica». Como era de esperar, el hashtag #StopIslam («Alto al Islam») cobró fuerza y se volvió tendencia a las pocas horas.

España, castigada por su política migratoria

La reacción inmediata de algunos dirigentes europeos fue castigar a España. Italia, República Checa, Dinamarca y Finlandia pidieron suspender al país del espacio Schengen, aunque tal decisión no estaría amparada en ningún marco jurídico. Pese a que en Ceuta opera un régimen especial que impide la circulación sin controles desde el enclave hacia el resto del espacio Schengen, 22 líderes europeos aseguraron estar dispuestos a reintroducir controles en las fronteras internas para hacer frente a los «riesgos derivados de los movimientos secundarios».

La primera reacción pública de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, fue calificar las escenas de “inaceptables” y pedir que los migrantes fueran devueltos a Marruecos sin demora. No hubo siguiera un atisbo de empatía hacia quienes estaban viviendo la crisis.

Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo —el grupo más grande del Parlamento Europeo—, manifestó que la situación era «la consecuencia directa del atractivo de la regularización masiva, sumado a la instrumentalización de la migración ilegal». Se refería al programa de regularización temporal puesto en marcha este año por el gobierno del presidente español Pedro Sánchez, que permite a determinados migrantes en situación irregular y sin antecedentes penales solicitar permisos temporales de residencia y trabajo.

Ahora bien, España no es el único país que regulariza a migrantes que, para escapar de la inseguridad o la persecución en sus países de origen, muchas veces se ven obligados a recorrer rutas peligrosas en el Mediterráneo y otras partes del mundo. Durante el gobierno de la derechista Giorgia Meloni, Italia otorgó más de 590 000 permisos de trabajo a ciudadanos de países no pertenecientes a la Unión Europea, entre ellos marroquíes, egipcios y tunecinos. Muchos ya vivían en Italia en situación irregular. Alemania, Grecia e Irlanda también han tomado medidas similares.

Estas medidas obedecen a una muy buena razón: la migración es uno de los pilares de la economía europea. En los últimos años, los extranjeros explicaron el 40% crecimiento del PBI y cubrieron puestos en sectores clave como la agricultura, la salud, la construcción y la hotelería, donde la mano de obra local no alcanza. Además, la población europea está envejeciendo: hay cada vez más jubilados y los sistemas previsionales enfrentan una presión creciente. La migración ayuda a sostenerlos Sin los migrantes, en su mayoría jóvenes en edad de trabajar y con un aporte importante a las finanzas públicas, las economías europeas, ya debilitadas, se deteriorarían rápidamente. También hay innumerables historias sobre la repercusión positiva que tiene la llegada de migrantes a las comunidades que quieren integrar, incluso cuando deben hacerlo en medio de la discriminación.

Alimentar la furia antimigratoria de Trump

A pesar de esta realidad, el episodio de Ceuta volvió a alimentar los reclamos para restringir la migración dentro de Europa y abrió la puerta a que la misma lógica retrógrada se replicara en otros lugares.

El presidente estadounidense Donald Trump, con su popularidad en descenso en su país y su credibilidad internacional cada vez más deteriorada, no dejó pasar la oportunidad. Apenas unas horas después de que se conociera la crisis, ya utilizaba lo ocurrido para atacar a España y advertía a su gabinete que «a nosotros nos va a pasar lo mismo» si los republicanos no ganaban las elecciones legislativas de noviembre.

Trump ya tenía cuentas pendientes con Madrid por el gasto en la OTAN, por la negativa española a aportar a la guerra de Irán y por las críticas del gobierno de Sánchez a las acciones de Israel en Gaza. El cruce masivo de migrantes a Ceuta fue una oportunidad perfecta para atacar al mandatario español y a su gobierno.

El vicepresidente estadounidense J. D. Vance también se pronunció en contra de la migración masiva en Ceuta, a la que tachó de «invasión de Occidente». Elon Musk, migrante nacido en Sudáfrica que se mudó a Estados Unidos desde Canadá con una visa de estudiante en 1992, compartió un video que comparaba las escenas de Ceuta con las de Guerra mundial Z, la película de zombis de 2013. Cabe recordar que el propio Musk trabajó ilegalmente en Estados Unidos después de dejar de asistir a la universidad de Stanford para construir su primera empresa, Zip2.

El de Musk no es el único ejemplo de esta doble vara: la esposa de Trump, Melania, nació en Eslovenia. La esposa de Vance, Usha, nació en Estados Unidos, pero sus padres son migrantes indios. Sin embargo, ambos han cuestionado incluso la inmigración legal. Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump redujo las vías legales de inmigración e intensificó la política de deportaciones: muchos migrantes en situación irregular fueron deportados hacia terceros países, varios de ellos en África, donde quedaron en condiciones de extrema vulnerabilidad.

Sin embargo, el argumento económico para restringir la migración tampoco es tan sencillo. Los datosmás recientes muestran que la reducción de trabajadores nacidos en el extranjero no benefició a los trabajadores nacidos en Estados Unidos. Por el contrario, su tasa de desempleo aumentó del 4,3 % en enero de 2025 al 4,7 % en enero de 2026, aunque en ese período hubo 122 000 trabajadores nacidos en el extranjero menos en el país.

Infografía: evolución del mercado laboral en Estados Unidos entre enero de 2025 y enero de 2026<br/>La tasa de desempleo entre las personas nacidas en Estados Unidos aumentó del 4,3 % al 4,7 %, aunque en ese período hubo 122 000 trabajadores nacidos en el extranjero menos en el país. Los datos muestran que la reducción de la cantidad de trabajadores nacidos en el extranjero no se tradujo en una mejora de los indicadores laborales entre los trabajadores nacidos en Estados Unidos.<br/>Fuente: Forbes, a partir de una investigación difundida por Stuart Anderson.

Una tragedia donde se pierde de vista lo importante

Esto es lo que realmente debería habernos mostrado el cruce masivo de migrantes a Ceuta: nadie esperó. Antes de que los investigadores supieran qué había ocurrido, antes de que se hubiera identificado siquiera a la mitad de las personas muertas, el discurso político ya estaba armado: invasión, islamización, amenaza a la seguridad. Para ciertos políticos, una tragedia parece volverse real recién cuando les resulta útil.

Cientos de migrantes siguen durmiendo a la intemperie en la playa del Trampolín y en una zona de depósitos cercana a la frontera. Armaron refugios improvisados con ramas, cartón y bolsas de basura. Entre ellos hay niños que llegaron solos. Muchos todavía no tienen un lugar adecuado donde dormir, comida ni condiciones básicas de higiene.

Hoy, esa es la realidad en Ceuta: una tragedia que, lamentablemente, se explota para repartir culpas y sacar rédito político, cuando debería servir para poner de relieve cuánto lastimamos a nuestra propia humanidad cuando ignoramos a quienes están en situación de mayor vulnerabilidad.

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