Oriente Medio, sumido en una catástrofe sin sentido

Una guerra entre Estados Unidos e Irán sin ningún tipo de plan, alimentada por la contradicción, que se extiende por Oriente Medio y se sale de control.

  • 3 meses ago
  • marzo 18, 2026
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El conflicto entre Estados Unidos e Irán, marzo de 2026 Una guerra sin un plan - Oriente Medio, sumido en una catástrofe sin sentido

En 2011, Donald Trump afirmaba: “Nuestro presidente [Obama] irá a la guerra con Irán porque no tiene absolutamente ninguna capacidad para negociar. Es débil e ineficaz”. Durante años, acusó a Obama de preparar un ataque contra Irán para apuntalar sus posibilidades de reelección, una maniobra que calificaba de desesperada, propia de un líder débil.

Comienza una guerra sin un plan

Pero el 28 de febrero de 2026, en un video publicado en Truth Social, Donald Trump anunció, gorra de camionero en la cabeza, el lanzamiento de lo que él denominó “operaciones de combate de gran envergadura” contra Irán: sin dar explicaciones, sin contar con una coalición de países aliados, sin presentar una estrategia clara ni declarar cuál sería su objetivo final.

Estados Unidos e Israel llevaron adelante una ofensiva coordinada contra Irán que, según se informó, acabó con la vida del ayatola sayed Alí Jameneí, jefe supremo de Irán, de varios miembros de su familia, entre ellos su hija y su nieta, y de altos funcionarios del país. Ese mismo día, un misil Tomahawk cayó sobre una escuela para mujeres de la ciudad de Minab y mató a 170 personas, en su mayoría niñas pequeñas.

Más adelante, varias investigaciones independientes sugirieron que lo más probable es que el ataque haya sido llevado a cabo por fuerzas estadounidenses sobre la base de inteligencia desactualizada, aunque Trump culpó a Irán sin ofrecer pruebas.

Una escalada que se salió de control

Más allá de los daños colaterales, la guerra se sigue cobrando vidas día tras día. Desde el 28 de febrero, alrededor de dos mil personas han muerto en distintos lugares de Oriente Medio. Irán concentra la mayor cantidad de víctimas: más de 1444 muertos y 18 551 heridos.

En represalia, Irán cerró el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica por la que transita alrededor del 20 % del petróleo utilizado en todo el mundo, lo que disparó el precio del barril por encima de los 100 dólares.

Irán respondió con una serie de ataques contra bases militares y empresas estadounidenses en Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Baréin y Jordania, y también en el propio Israel.

Hezbolá también ingresó al conflicto, ya que reanudó su agresión contra Israel con una ola de ataques.

Así, Oriente Medio quedó sumido en una guerra sin sentido.

Un conflicto sin justificación clara

Tres semanas después de iniciada la ofensiva, Trump seguía sin brindar explicaciones claras de por qué Estados Unidos había entrado en guerra. En un primer momento, afirmó que Irán planeaba un ataque inminente contra activos estadounidenses. Sin embargo, desde el Pentágono contradijeron esta afirmación, ya que declararon que no se había identificado ninguna amenaza de este tipo. Más tarde, Marco Rubio ofreció una justificación diferente al admitir que Estados Unidos sabía que Israel se preparaba para atacar a Irán y, al esperar una represalia iraní, decidió dar el primer golpe.

El martes 17 de marzo, Joe Kent, director del Centro Nacional de Antiterrorismo de los Estados Unidos, dimitió de su cargo en protesta por la guerra en Irán. “No puedo apoyar la guerra en curso en Irán con la conciencia tranquila. Irán no representaba una amenaza inminente para nuestra nación y está claro que iniciamos esta guerra por la presión ejercida por Israel y el influyente lobby proisraelí en Estados Unidos”, explicó.

Trump recibió nuevas críticas después de sugerir que los esfuerzos de Estados Unidos por proteger el estrecho de Ormuz eran innecesarios. “Tal vez ni siquiera deberíamos tener presencia allí”, sostuvo, ya que Estados Unidos produce suficiente petróleo para cubrir sus necesidades.

En conjunto, estas contradicciones apuntan a que estamos frente a una superpotencia que entró en una guerra que no ha justificado con claridad y para la que tampoco parece tener una estrategia de salida.

Según una encuesta reciente de CNN, el 59 % de los estadounidenses se opone a esta guerra, mientras que el 60 % considera que Trump no tiene una estrategia clara. Solo durante las dos primeras semanas, el costo financiero del conflicto ya ascendía a los 16 500 millones de dólares.

Un error estratégico en Teherán

Pese a los informes de seguridad que indicaban lo contrario, Trump parecía creer que eliminar a la cúpula iraní provocaría el colapso del sistema. Sin embargo, la teocracia iraní se mantuvo firme.

Pocos días después de que se diera a conocer el asesinato de Alí Jameneí, su hijo de 56 años, Mojtaba Jameneí, fue designado nuevo jefe supremo. Herido en el ataque inicial, dio un mensaje claro desde Teherán al asumir el cargo: resistencia.

En vez de desestabilizar a Irán, Estados Unidos terminó allanando el camino para una nueva dirigencia iraní aún más radical que la anterior.

En su primer discurso, Mojtaba Jameneí juró vengar la sangre de los iraníes, advirtió que las bases estadounidenses serían consideradas blancos militares si no se clausuraban de inmediato y declaró que el estrecho de Ormuz permanecería cerrado.

Con ello, el conflicto se intensificó aún más, llevando las relaciones entre Estados Unidos e Irán al borde del abismo y haciendo que el camino hacia la desescalada sea cada vez más difícil e incierto.

Ignorada la inteligencia, la realidad se impone

Aunque Trump prometió una guerra rápida y decisiva, los informes de inteligencia sugerían lo contrario. Una evaluación del Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos habría concluido que ni ataques moderados ni una intervención militar a gran escala provocarían un cambio de régimen en Irán, incluso si se eliminaba a figuras clave de la dirigencia.

Los informes también advertían que, sin el control terrestre del territorio adyacente al estrecho de Ormuz, garantizar la seguridad de esa vía estratégica sería una tarea prácticamente imposible.

La apuesta iraní por una guerra de desgaste

Trump anunció que quería “limpiar todo” y elegir personalmente al próximo líder iraní. Sin embargo, contribuyó al ascenso de una figura más joven, más radical y con vínculos aún más estrechos con la Guardia Revolucionaria. En muy poco tiempo quedó claro que, como era de esperarse, la estrategia de Irán para imponerse en este conflicto sería apostar por una guerra de desgaste:

a) aprovechando la dependencia mundial del petróleo del Golfo, controlar el estrecho de Ormuz y ser el garante de facto del paso seguro de los buques que lo atraviesan;

b) atacar la sólida red de bases militares estadounidenses en la región, así como a las empresas estadounidenses con presencia en Oriente Medio, como OpenAI, Microsoft, Oracle, IBM, Amazon y Google, y

c) al igual que el ISIS, poner en riesgo a civiles estadounidenses inocentes alentando a células terroristas de todo el mundo afines a Irán y a su teología a sumarse a la cruzada.

Mientras Oriente Medio se hunde en el conflicto, Putin se asegura de cosechar los beneficios. Desde que comenzó la guerra, Rusia ha obtenido casi 7000 millones de dólares adicionales en ingresos por combustibles fósiles. El cierre del estrecho de Ormuz bloqueó el flujo del petróleo procedente del Golfo, lo que generó un escenario favorable para las exportaciones rusas. Según los informes, Rusia estaría generando 589 millones de dólares extra al día, un 14 % más que el promedio registrado en febrero.

Trump, quien antes había criticado a otros países por comprar petróleo ruso, relajó las sanciones contra su compinche matón Putin. De repente, el mundo puede volver a comprar petróleo ruso.

En vez de presionar a Moscú por la devastadora guerra contra Ucrania, Trump dirigió su ofensiva contra Irán y terminó tendiéndole un salvavidas a Putin. Putin, que no es de los que pasan por alto ninguna oportunidad, estaría brindando información a Irán sobre activos estadounidenses en la región.

Una superpotencia sin rumbo

Po su parte, desde que comenzó la guerra, Irán ha seguido exportando al menos 11,7 millones de barriles de crudo a China a través del estrecho de Ormuz. Beijing importa ahora alrededor de 1,25 millones de barriles al día, lo que supone una fuente clave de ingresos para Teherán. Crece la preocupación de que parte de esos fondos esté siendo destinada a financiar operaciones militares. Mientras la Guardia Revolucionaria Islámica evalúa permitir el paso de petroleros solo cuando el crudo sea pagado en yuanes, Washington continúa asumiendo los costos de la guerra.

En un primer momento, Trump planteó la posibilidad de escoltar a los buques comerciales para garantizar su tránsito seguro por el estrecho, pero esa iniciativa aún no se concretó. Ormuz continúa cerrado y los precios del petróleo siguen en ascenso. Entretanto, Trump instó públicamente a los propietarios de los buques petroleros a “ponerse los pantalones”, una declaración que le valió críticas implacables debido a su historial de evasión del servicio militar.

Además, como buen matón, Trump exige a países aliados como China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido que envíen buques de guerra para garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz. En una entrevista con el Financial Times, amenazó con que negarse sería “muy perjudicial para el futuro de la OTAN”, en una clara muestra de chantaje.

Sin salida, sin final

Por el momento, Trump no ha dado signos de que exista una salida clara. Y Teherán no ha cedido. El gobierno iraní permanece en pie y la Guardia Revolucionaria sigue luchando. En la Casa Blanca, los asesores instan al presidente a buscar una salida, pero los analistas creen que Trump podría optar por declarar una victoria simbólica y retirarse, alegando que la capacidad de disuasión estadounidense ha dado frutos.

Si eso ocurre, no será el desenlace de una campaña exitosa, sino el abandono de una guerra para la que nunca se contó con un plan.


Traducido al español por Mariela Iñiguez

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