Los mercados de predicción, esas plataformas donde se apuestan miles de millones de dólares en la guerra y la muerte, difuminan la línea entre el análisis coyuntural y la especulación. En este artículo, abordamos el éxito de la plataforma Polymarket, así como la ética en la que se apoya.
Existe una aplicación que permite apostar sobre cuándo va a desencadenarse una guerra, qué cuidad será la próxima en caer, si a este o aquel mandatario van a asesinarlo e incluso cuántos días de vida le quedan a un moribundo. Para participar, no se necesita tener credenciales ni contactos: solo hace falta una billetera de criptomonedas, ganas de lucrar con las desgracias ajenas y una ausencia total de culpa.
La plataforma Polymarket, recientemente valuada en USD 15 000 millones, se presenta como un «mercado de predicción» que, en la jerga del mundo financiero, es una forma de decir apostar sin usar la palabra «apostar». Polymarket no es más que una plataforma de apuestas digitales donde el sufrimiento humano aparece como una oportunidad de inversión.
Desde que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero de 2026, en Polymarket se apostaron más de USD 529 millones, no sobre soluciones diplomáticas o negociaciones de paz, sino sobre cuándo caerían las bombas. Un usuario llamado Magamyman pasó de USD 87 000 a USD 553 000 apenas una hora antes de que trascendiera la información sobre la ofensiva al apostar que Irán sería atacado y su jefe supremo, el ayatolá Alí Jameneí, asesinado.
El ataque ocurrió. Jameneí murió, al igual que unas 180 niñas, la mayoría de entre siete y doce años que estaban en el colegio cuando este fue bombardeado, y cientos de iraníes más. Magamyman se fue a dormir con mucho más dinero en su billetera, mientras en Teherán la gente pasaba la noche desenterrando a sus seres queridos de los escombros. Otro usuario acumuló casi USD 1 millón en ganancias desde 2024, todo gracias a una serie de apuestas que anticiparon a la perfección las operaciones militares estadounidenses e iraníes, sobre las que el público general no sabía absolutamente nada.
Las plataformas como Polymarket no son de nicho, sino que operan a una escala global impresionante.
Las estadísticas de Polymarket, que muestran a los usuarios, los mercados y las apuestas en los mercados de predicción de todo el mundo.
En enero de 2026, un usuario nuevo de Polymarket ganó una suma enorme (¡casi medio millón de dólares!) al apostar sobre la captura de Nicolás Maduro justo antes de que esta saliera a la luz. Según investigaciones realizadas por la Universidad de Harvard, las ganancias obtenidas por usuarios de la plataforma a partir de información privilegiada ascienden a USD 143 millones. Distintos usuarios con acceso a información sobre futuros bombardeos, asesinatos y acciones militares aprovecharon esa información para obtener un rédito económico. En este sentido, las pruebas son claras: el mercado no predijo esos eventos, sino que se nutrió de ellos.
Por muy sorprendente que parezca, lo que solía ser apenas un comportamiento cuestionable ahora puede ser motivo de antecedentes penales. Varios integrantes de la Fuerza Aérea israelí fueron interrogados y acusados formalmente por el delito de haber utilizado información militar clasificada para apostar sobre a qué hora serían los ataques a Irán durante los doce días de guerra en junio de 2025. Durante el interrogatorio, uno de ellos admitió que «todo el escuadrón está en Polymarket. Todos en la Fuerza Aérea apuestan». Militares que apuestan sobre las bombas que ellos mismos tiran. Parece una locura.
En Estados Unidos ocurrió un caso similar: un efectivo de las fuerzas especiales que participó de la operación para capturar y secuestrar a Nicolás Maduro fue acusado de valerse de información confidencial para hacerse de más de USD 400 000 en Polymarket.
El 10 de marzo de 2026, Emanuel Fabian, corresponsal del periódico The Times of Israel informó que un misil iraní había caído en un campo abierto cerca de Jerusalén. A las pocas horas, su teléfono se llenó de amenazas: «Tienes 90 minutos para retractarte de esa mentira». La información era verdad, pero no le convenía a quienes habían apostado millones de dólares en sentido contrario. Ese es una de las caras más atroces de transformar la guerra en un negocio: la verdad puede poner en jaque una apuesta y quienes dicen la verdad en público se ponen en riesgo.
Igual de aberrante es que muchas personas apuesten sobre la guerra entre Rusia y Ucrania, y acudan a Polymarket para hacer un seguimiento en tiempo real de los mapas que dan cuenta de los ataques, los mismos a los que acuden los ucranianos para intentar salvarse. Veamos el caso de Konstantinovka: las tropas ucranianas defienden la ciudad desde hace meses y se vienen enfrentando a ataques constantes de artillería y drones. Miles de civiles siguen en la ciudad. Lamentablemente, hay más de USD 500.000 en juego en torno a una única pregunta: ¿Rusia tomará la ciudad antes de que acabe el año?
En febrero de 2025, cuando internaron al papa Francisco, los sitios de apuestas ya permitían especular sobre todo tipo de desenlaces, desde su recuperación hasta quién lo reemplazaría. En la segunda semana de internación, el volumen de apuestas ya rozaba los USD 200.000. En abril, su muerte desencadenó una nueva oleada de especulaciones. El mercado en torno a la pregunta «¿habrpa un nuevo papa en 2025?» pasó del 33 % al 99 % en apenas unas horas. Mientras millones de católicos lloraban la muerte de su líder espiritual, los operadores acumulaban millones.
Como era de esperar, quienes defienden a Polymarket alegan que no es más que una plataforma donde circula información y arguyen que cuando hay mucho dinero sobre la mesa, el mercado descubre la verdad más rápido que cualquier especialista. Ahora bien, esa lógica queda trunca cuando lo que se predice es la destrucción de una ciudad, la caída de un misil o la muerte o asesinato de un líder, todo porque hay ganancias de por medio.
Los números no cuentan toda la historia. Lo más preocupante es en qué se están convirtiendo estos mercados.
Los hechos del mundo real pasan a ser meros «escenarios» negociables en los mercados de predicción.
Un dato interesante es que Polymarket estuvo prohibido en Estados Unidos en 2022 y tuvo que pagar USD 1,4 millones cuando las autoridades detectaron que estaba infringiendo las leyes sobre el juego. Más adelante, más de 30 países acordaron la restricción de este tipo de apuestas. Sin embargo, con la vuelta al poder de Trump, estas plataformas volvieron a considerarse legítimas y regresaron al mercado estadounidense.
La empresa de capital de riesgo de Donald Trump júnior, 1789 Capital, invirtió varios millones de dólares en Polymarket y terminó uniéndose a su junta de asesores. Además, es uno de los muy bien pagos consultores estratégicos de Kalshi, el principal rival de Polymarket en Estados Unidos. El hijo del presidente estadounidense mantiene intereses económicos en las dos principales plataformas de predicción del país, cuyo estatus jurídico depende de un gobierno encarnado en su padre. Por su parte, la empresa Trump Media & Technology Group, que no es de dejar pasar ninguna oportunidad, anunció hace poco que planea lanzar una plataforma para hacer predicciones con criptomonedas llamada “Truth Predict”.
Aún más alarmante, el Congreso estadounidense sigue sin resolver la cuestión regulatoria. Las normas sobre publicación de información financiera del Congreso y la Casa Blanca no cubren específicamente los «contratos sobre eventos» ni los mercados de predicción. Además, los funcionarios no tienen obligación de hacer públicas las ganancias obtenidas en esas plataformas, por lo que pueden ganar dinero apostando sobre la guerra, las decisiones políticas o las crisis sin tener que declarar nada. Ante la inacción del Legislativo, este ecosistema crece en medio de un contexto de total desregulación, sin límites claros ni mecanismos de rendición de cuentas.
¿Cuáles son las consecuencias de normalizar este mercado inhumano? Siempre ha habido personas que especulan sobre la guerra, que trafican armas, que ignoran las sanciones, que lucran con el sufrimiento humano. Y siempre hemos sabido que estas acciones eran profundamente repudiables. Sin embargo, Polymarket ha habilitado que se eche rienda suelta a ese instinto: al crear una aplicación, lo ha vuelto accesible para todos.
El sistema avanza rápido y llega a todos lados. Operar parece bastante sencillo, y esa simpleza crea distancia. Las personas detrás de los números desaparecen: solo quedan estadísticas. El dolor pasa a ser un dato, lo que no tarda en volverse peligroso. Esta normalización incide sobre lo que pensamos sobre el futuro que les depara a los demás, sobre la forma en la que se cuentan las noticias, sobre cómo se monetiza la información sensible.
Este fenómeno no solo debería preocuparnos: debería retorcernos cada fibra de nuestro ser. Porque mientras en una parte del mundo una persona sufre la pérdida, la violencia y la desgracia, tras una pantalla hay alguien, totalmente escindido de esa realidad atroz, que transforma su sufrimiento en ganancia.
Si en esto nos hemos convertido, si estamos tan dispuestos a monetizar la guerra y «normalizar» el sufrimiento ajeno, necesitamos con urgencia algo que nos salve.