El juicio del «anillo de fuego» en Israel: «yo no incendié ningún tacho de basura cerca de la casa de Netanyahu»

El año pasado, cuando se cumplieron los 700 días de guerra contra Gaza, miles de israelíes salieron a las calles a exigir que el gobierno trajera de vuelta a los rehenes y pusiera fin al conflicto. En Jerusalén, algunos manifestantes prendieron fuego varios tachos de basura cerca de la residencia de Benjamin Netanyahu. El primer ministro respondió con una ofensiva política y judicial. Hoy, a pocas semanas de unas elecciones que podrían poner en riesgo la continuidad de su coalición de derecha, cinco personas acusadas de provocar incendios enfrentan un juicio cargado de implicancias políticas. Uno de los acusados —que…

  • 1 mes ago
  • septiembre 16, 2026
10 Minuto de lectura
Un vehículo y tacho de basura calcinados tras los incendios ocurridos cerca de la residencia de Benjamin Netanyahu en Jerusalén durante las protestas contra el gobierno. Las consecuencias del «anillo de fuego» cerca de la residencia de Netanyahu, entre ellas la destrucción del automóvil de un reservista de las Fuerzas de Defensa de Israel. (Foto: Policía de Israel)
Notas de la periodista
Priyanka Chandani Sinha
Netanyahu y el «anillo de fuego»
Casi dos años después del ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023, la guerra generaba un rechazo cada vez mayor en la sociedad israelí. Alrededor del 65 % de la población —judía y árabe— consideraba que el principal objetivo de la guerra debía ser lograr el regreso de los 251 rehenes secuestrados por Hamás, según una encuesta del Instituto para la Democracia israelí. Cerca de la mitad de las personas consultadas, tanto judías como árabes, creía además que la operación militar del gobierno de Netanyahu no lograría traerlos de vuelta. El 3 de septiembre de 2025, al cumplirse 700 días del ataque de Hamás, miles de israelíes salieron a manifestarse en distintas partes del país, a fin de exigir un acuerdo que permitiera recuperar a los rehenes y poner fin a la guerra.
En Jerusalén, algunos manifestantes encendieron fuegos en distintos puntos de la ciudad. Cerca de la residencia privada de Netanyahu, en el barrio pudiente de Rehavia, ardieron varios tachos de basura:
ese mismo día, Netanyahu difundió un video en el que denunciaba la peligrosa escalada de las protestas que tachó de «antigobierno». Aunque afirmó que «en una democracia las manifestaciones son legítimas», sostuvo que aquellas movilizaciones respondían a intereses políticos. El mandatario acusó a los organizadores de las protestas de ser unas «bandas fascistas» y afirmó que habían amenazado con rodear su casa con un «anillo de fuego»
En las semanas siguientes, siete personas fueron detenidas y encarceladas bajo sospecha de haber planeado y llevado adelante una operación para incendiar seis tachos de basura. Sin embargo, no todos esos tachos llegaron a arder y, según documentos judiciales, estaban ubicados a más de una cuadra y media de la residencia de Netanyahu. El episodio no tardó en abrir un nuevo frente de conflicto político: los partidarios del primer ministro vincularon los incendios con las protestas de la oposición, mientras que la oposición condenó los hechos, pero también cuestionó al gobierno por no haber alcanzado un acuerdo para liberar a los rehenes que seguían secuestrados por Hamás. Ese acuerdo llegó más de un mes después.
Mientras algunos sectores advertían que el gobierno estaba castigando a personas por ejercer su derecho democrático a manifestarse, otros organizaron campañas de recaudación para ayudar a la familia de un reservista de las Fuerzas de Defensa de Israel cuyo automóvil había quedado destruido a causa de los incendios.
En este contexto, y a pocas semanas de las elecciones parlamentarias del 27 de octubre —que podrían poner en riesgo la continuidad de la coalición de derecha de Netanyahu—, comenzó el juicio contra cinco de los sospechosos.
Los cinco enfrentan cargos graves ante la Justicia de Jerusalén. Según sus abogados, fueron víctimas de una redada indiscriminada: todos fueron acusados de incendio intencional, aunque la fiscalía reconoce que uno de ellos se limitó a trasladar a los demás sospechosos hasta el lugar y no inició ningún fuego. Otro de los acusados habría planeado prender fuego un contenedor, pero desistido a último momento.
Más sobre el entrevistado
Uri Tyroler es el acusado al que la fiscalía imputa el delito de incendio por más que no haya prendido ningún fuego. Tras su detención, estuvo siete días en la cárcel y luego permaneció ocho meses bajo arresto domiciliario, hasta recuperar la libertad poco antes del inicio del juicio.
Veterano del ejército israelí de más de sesenta años, Tyroler pasó buena parte de su vida en las fuerzas armadas. Durante la guerra en Gaza, sumó 530 días de servicio como combatiente. Aunque sostiene que Israel tenía derecho a ir a la guerra para derrocar a Hamás, critica abiertamente la forma en la que el gobierno llevó adelante la ofensiva.
En conversación con Orato, se definió como un patriota israelí que también quiere proteger a la población civil palestina y como alguien dispuesto a defender su derecho democrático a protestar.

Toda mi vida fui un luchador. Soy judío, soy militar, pasé 530 días en el frente de batalla al servicio de Israel. Me entrenaron para proteger a mi país y enfrentar a los enemigos cuando sea necesario. Pero, sobre todo, soy alguien dispuesto a luchar por lo que considero justo.

Soy uno de los israelíes que el año pasado se manifestaron contra el gobierno en todo el país al cumplirse los 700 días de guerra en Gaza. Salí a la calle porque me parecía que el gobierno estaba prolongando la guerra adrede por una cuestión de política interna y que no estaba haciendo lo suficiente para traer de vuelta a los rehenes que seguían secuestrados desde aquel 7 de octubre que desencadenó el conflicto. Queríamos que los rehenes regresaran a sus hogares y que la guerra llegara a su fin.

Ese día, durante la manifestación en Jerusalén, se llevaron a cabo distintas acciones, entre ellas la quema de tachos de basura. Uno de mis amigos y yo estábamos ahí cuando pasó eso, pero nosotros no fuimos los que los prendimos fuego.

Retrato del veterano del ejército israelí Uri Tyroler

La investigación policial demostró que nosotros no habíamos iniciado ningún incendio. Sin embargo, la fiscalía, que es una autoridad del Estado, decidió avanzar de todos modos con la acusación. Nos detuvieron por más que las autoridades supieran que no habíamos cometido el hecho del se nos imputaba.

Pasé siete días en prisión. Después estuve unos ocho meses bajo arresto domiciliario. Tuve mucho tiempo para pensar en lo que me pasó, pero eso no es lo que más me importa: para mí, lo central es que Israel respete los valores morales. En ese sentido, soy muy patriota.

Incluso en una guerra, uno tiene que proteger a la población civil

La masacre del 7 de octubre [cometida por militantes de Hamás que cruzaron la frontera desde Gaza] fue horrible e imperdonable, pero enfrentarse a un enemigo no equivale a dejar toda humanidad de lado. Incluso en una guerra, hay que proteger a la población civil. Hay que saber dónde está el límite entre defenderse y lastimar a personas inocentes. Es una obligación moral y jurídica establecida por las leyes de la guerra.

Israel tenía derecho a defenderse. Teníamos que luchar porque nuestro país había sido atacado, porque nuestros enemigos querían destruir Israel. Sin embargo, eso no nos da libertad para matar a personas inocentes, algo que el gobierno israelí estaba haciendo con total impunidad. Además, la moral también nos obliga a actuar de inmediato para recuperar a los nuestros, a los rehenes, lo antes posible.

Cuando salimos a la calle, también marchamos por los civiles palestinos que viven en Gaza. Ellos también son seres humanos. Ellos también merecen vivir en paz. El gobierno israelí, sin embargo, no parece compartir esa convicción.

Estar detenido me hizo ver a la sociedad de otra forma

Cuando una persona va a la cárcel, la situación es muy estresante también para toda su familia. En mi caso, mi familia sabía que yo iba a estar bien: mi entrenamiento militar me había dado las herramientas para enfrentarme una situación así, y estaba preparado mentalmente. Aun así, no es fácil encontrarse en una situación de humillación cuando no uno no hizo nada malo.

Me esposaron. La cárcel es un lugar horrible. Me dio mucha lástima ver a los demás detenidos: son personas rotas, sin ninguna posibilidad de rehabilitarse: el gobierno las encierra y las vuelve delincuentes. En cierto sentido, la experiencia me abrió los ojos. Me llevó a cuestionar la sociedad occidental, a pensar en la cantidad de personas presas en Estados Unidos, en la facilidad con la que encerramos a la gente.

Tanto la cárcel como la detención domiciliarias fueron experiencias angustiantes, ya que me privaron de toda posibilidad de actuar. Ahora que salí en libertad, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para protestar contra este gobierno horrible. Mi caso sigue abierto, así que nadie sabe qué puede pasar, pero lo único que me da miedo es que mis nietos tengan que vivir en una sociedad que no funciona como debería: una sociedad que inicia conflictos innecesarios, libra guerras sin razón y encarcela a personas sin ningún motivo.

Quiero aprovechar el tiempo que me queda para usar mi capacidad de actuar. Quiero hacer mi parte para ayudar a sanar esta sociedad, para construir un mundo en el que empecemos a tratarnos con respeto y compasión.

Uri Tyroler, veterano del ejército israelí, en un viaje a España
Uri Tyroler enfrenta cargos por incendio y otros delitos graves, pero asegura que aprovechará su libertad para seguir protestando contra el gobierno israelí. (Foto: cortesía)
Uri Tyroler y una mujer posan sonrientes durante un viaje por España.
Uri Tyroler junto a un familiar durante un viaje por España. Tyroler afirma que su mayor temor es la sociedad en la que tendrán que vivir sus nietos. (Foto: cortesía)

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