Un padre habla de la presión que recae sobre los estudiantes que se preparan para el examen de ingreso a Medicina en India, después de que su hijo, de 17 años, se quitara la vida en medio de un escándalo que desató protestas en todo el país.
Todavía intento entender por qué Kahan ya no está con nosotros. Tenía apenas 17 años. Mi hijo mayor soñaba con ser médico. Para alcanzar ese objetivo, que se había tomado muy en serio, pasó meses estudiando sin parar para el examen estatal, que es muy exigente, a fin de entrar a la universidad.
Sin embargo, el examen de ingreso a Medicina, conocido oficialmente como NEET-UG, quedó envuelto en un escándalo cuando las autoridades determinaron que se habían filtrado algunas preguntas. Anularon los resultados y los estudiantes tuvieron que volver a rendirlo. Hubo protestas en todo el país, detenciones y renuncias dentro del gobierno.
Para Kahan —y para muchos otros estudiantes— las consecuencias fueron fatales.
Prepararse para el examen de ingreso a Medicina de 2026 es un proceso agotador. Hay apenas 140 000 vacantes y más de 2 millones de aspirantes.
Kahan estudiaba con mucha dedicación, asistía a cursos de preparación en una academia y se tenía fe. Cuando por fin llegó el día del examen, el 3 de mayo, salió de rendir convencido de que le había ido muy bien.

Como padres, nos entusiasmaba la decisión de Kahan. Vivíamos en Surat, en el estado de Gujarat, en el oeste del país, donde trabajo como abogado, pero queríamos que Kahan fuera a un mejor colegio, en Ahmedabad, 250 kilómetros al norte, así que compramos un departamento allí. Yo viajaba de una ciudad a la otra y Kahan vivía con su madre y su hermano menor.
Kahan era un alumno excelente. Después de obtener muy buenas calificaciones en la escuela secundaria, anunció con seguridad que quería estudiar Medicina. Queríamos que estuviera lo más listo posible para el examen de ingreso, así que pedimos un préstamo para cubrir los gastos de los cursos de preparación, que son altísimos.
Cuando se conoció la noticia de que se había filtrado el examen de práctica, quedamos devastados.
Kahan había venido a Surat conmigo durante dos meses, pero sus vacaciones de verano terminaron de golpe cuando se enteró de lo ocurrido por sus amigos de la academia. Estaba desesperado por volver a Ahmedabad a buscar todos sus materiales de estudio por si tenía que rendir el examen de nuevo. Les había prestado algunos materiales a amigos que pensaban presentarse al examen en el futuro, pero ahora volvía a necesitarlos él.
Kahan no esperó a verme en persona. Me llamó cuando yo estaba en trabajando en un tribunal para decirme que necesitaba volver a Ahmedabad con urgencia y que después regresaría.
Nunca volvió. Pero yo no podía interponerme entre él y su sueño, así que me aseguré de llamarlo todos los días para acompañarlo. Poco después, la Agencia Nacional de Evaluación anunció oficialmente que los resultados del primer examen habían sido anulados. Kahan ya tenía un plan B: también se había postulado para estudiar Farmacia. Le aconsejé que se olvidara del examen de ingreso a Medicina y se concentrara en las otras opciones.
Pero para él ese examen lo era todo. Desde décimo grado venía pensando en estudiar Medicina y había elegido cursar Biología y otras materias de ciencias para prepararse. Quería ser médico; estaba decidido. Esperó a que anunciaran la fecha del nuevo examen.

Se fijó una nueva fecha: el 21 de junio. A medida que se acercaba el día, volví a hablar con él. Se lo escuchaba bien, confiado. En ningún momento de las siete semanas entre un examen y el otro tuve la sensación de que estuviera angustiado.
No tenía idea del peso enorme con el que cargaba. El 18 de junio, apenas unos días antes de volver a rendir el examen, se arrojó desde el balcón del sexto piso del departamento familiar, en las afueras de Ahmedabad.
Un guardia de seguridad lo encontró gravemente herido y alertó a los vecinos. Lo llevaron de urgencia a un hospital, pero los médicos constataron que había muerto antes de poder comenzar a atenderlo.
No hubo signos de que algo estuviera mal. Como conté a la BBC y a otros medios, su habitación estaba como siempre: la computadora portátil abierta y los materiales de estudio, las lapiceras y los marcadores desparramados por el cuarto. En un rincón seguían su guitarra eléctrica y el amplificador. En los estantes estaban las novelas de Harry Potter y los juegos de mesa, junto con un trofeo que había recibido por su excelencia académica.
La tragedia de Kahan está lejos de ser un caso aislado: forma parte de una crisis nacional. Desde que, en 2024, las autoridades indias comenzaron a hacer seguimiento de los casos de suicido atribuidos directamente a la presión académica, se registraron más de 1000 casos relacionados con menores de 18 años: apenas un pequeño porcentaje de los 14 488 estudiantes que murieron por suicidio ese año, cuyas muertes representan el 8,5 % del total de suicidios registrados en el país.
Algunos de esos suicidios estuvieron vinculados con el escándalo de 2024 en torno al examen de ingreso a Medicina, cuando también se filtraron algunas las preguntas. Esta tendencia preocupante continuó en 2026: el examen fue señalado como la causa de 12 suicidios registrados durante las seis semanas posteriores a su anulación. Actualmente, distintos informes periodísticos vinculan al menos 21 suicidios con el examen.
Las muertes y la polémica en torno al examen de ingreso a Medicina de 2026 alimentaron un movimiento estudiantil de protesta en todo el país. Las grandes movilizaciones, realizadas en Jantar Mantar, en Nueva Delhi —epicentro de todo tipo de protestas en la capital, cerca del Parlamento— fueron encabezadas por el recién creado «Partido de las Cucarachas».
El nombre de este partido informal surge de unos comentarios recientes y despectivos del presidente de la Corte Suprema de la India, Surya Kant. En mayo, al referirse a los jóvenes desempleados, usó el calificativo «cucarachas».
El insulto hizo reaccionar a los jóvenes del país, que tiene la población juvenil más grande del mundo. Cuando el «Partido de las Cucarachas» organizó las primeras protestas a comienzos de junio, cada vez más personas comenzaron a manifestarse: hacía años no se veía tanta gente marchando junta en el país.
Decenas de miles de estudiantes jóvenes, padres, activistas, dirigentes de partidos opositores y figuras públicas —entre ellos los actores Naseeruddin Shah, Shabana Azmi y Prakash Raj— se sumaron a las protestas. También apoyaron el movimiento distintas figuras públicas y partidos de oposición, como el Congreso Nacional Indio, el Partido Comunista y el Partido Socialista Samajwadi. Así nació lo que empezó a llamarse «movimiento de las cucarachas».
Los manifestantes exigían una reforma educativa y exigían que se investigaran las reiteradas filtraciones de los exámenes de ingreso a Medicina, se identificara a los responsables y se presentara la renuncia del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan. También pedían que se brindara algún tipo de reparación para las familias que habían perdido a sus hijos a causa del escándalo y se tomaran medidas contra los responsables del fraude en los exámenes.
Las movilizaciones congregaron a cada vez más personas. El 20 de julio, cuando los manifestantes marcharon hacia el Parlamento, fueron reprimidos con bastones, gases lacrimógenos y armas de perdigones. Más de 100 personas resultaron heridas.
Yo también busqué justicia por mi hijo y me sumé al movimiento en Nueva Delhi.
Las autoridades reprimieron la protesta y la calificaron de «reunión ilegal». ¿En serio? Perdí a mi hijo y tengo todo el derecho a hacer preguntas y exigir que se rindan cuentas. El sistema educativo tiene que reconocer la presión que ejerce sobre los estudiantes, que pueden llegar a sentir que fracasar significa decepcionar a toda su familia.
Si mi hijo estuviera vivo, le diría que una oportunidad perdida no lo define Que cambiar de carrera no significa fracasar. Para Kahan, el examen de ingreso a Medicina lo era todo, y terminó costándole todo.
Quiero que la gente entienda que no hablo de mi hijo Kahan para que su muerte sea otro titular sobre la presión de los exámenes. Hablo porque quiero que recuerden que detrás de cada resultado hay una persona joven. Un chico no es un puesto en un ranking, un percentil ni una nota de examen. Es un hijo o una hija que todavía está tratando de decidir qué hacer con su vida.
Hasta el día de hoy sigo preguntándome: ¿cómo llegó un joven con tantas posibilidades al punto de no encontrar una salida? Todavía no tengo una respuesta. Es algo que ningún padre que ama a su hijo podría aceptar del todo.
Siento que mi hijo vivía angustiado preguntándonse cómo y por qué alguien podía haberle hecho algo así. Por eso hablo con los medios y voy a las marchas: quiero que los hechos salgan a la luz. No quiero suposiciones. No me interesan los rumores. Quiero saber qué pasó.
No quiero especular sobre lo que pudo haber estado pasando por su cabeza en sus últimos momentos, pero sí quiero que las circunstancias sean investigadas como corresponde. También creo que no se puede ignorar la presión que rodea al examen ni la incertidumbre en la que viven los estudiantes.
Si el sistema de evaluación es problemático, eso es algo que tiene que investigarse. Si el proceso somete a los estudiantes a una presión desmedida, hay que hacer un esfuerzo mayor por entender qué está ocurriendo. Y si no estamos acompañando a los estudiantes como corresponde, hay que corregir eso.
Todavía no sabemos realmente con qué estaba lidiando Kahan. No nos dimos cuenta de que estaba pasando por un momento difícil porque nunca sonaba angustiado. Después de su muerte fui a su academia y hablé con sus amigos y profesores. También pregunté por él en el complejo de departamentos de Ahmedabad.
Sus amigos me contaron que cuando se enteró de la noticia se enfureció. Me sorprendió muchísimo: mi hijo nunca se enojaba por nada. No era una persona de mal carácter. Nunca tuvo problemas en ninguna de las escuelas a las que asistió. Era un buen chico. Él mismo había elegido su carrera, las escuelas a las que quería ir y las materias que quería estudiar. Era bueno en todo: en los estudios, en el deporte, en la música.
Cuando un estudiante se prepara para un examen, la carga no la lleva solamente él: la lleva toda la familia, que también pone dinero, tiempo y esperanza. Pero ningún examen —ni nada, en realidad— debería llevar a una familia a preguntarse si podría haber hecho algo más para cuidar al niño.
Como padre, me quedan preguntas que quizá nunca pueda responder. ¿Qué estaba viviendo mi hijo en los días previos a su muerte? ¿Sentía que no había salida? ¿La presión del examen se volvió demasiado grande? ¿Había factores que nosotros, como padres, desconocíamos? Tal vez una investigación del contenido de su computadora, que ahora está en manos de la policía, pueda aportar algunas respuestas.
Pero hay algo que sé con certeza: mi hijo tenía un futuro brillante por delante.
A todos los padres cuyos hijos se están preparando para un examen competitivo les diría que las notas importan, que las carreras importan y que la educación importa. Pero nada de eso es más grande ni más importante que su hijo.
Quisiera que los jóvenes entiendan que un examen, una nota o una carrera nunca definen toda una vida.
Ha habido avances. Las investigaciones policiales revelaron que una red había vendido el examen de práctica a algunos estudiantes de distintas partes del país y 13 personas fueron detenidas. Además, las movilizaciones, encabezadas por los jóvenes, tuvieron un impacto concreto. El ministro de Educación, Pradhan, renunció el 25 de julio: fue la primera vez en los 12 años que Narendra Modi lleva en el poder que una protesta obligó a un ministro del Gobierno a dejar su cargo. Para poner fin a semanas de movilizaciones, el Gobierno también tuvo que acceder a algunos de los reclamos,, entre ellos, que los manifestantes no fueran procesados penalmente.
Mi lucha no terminó. Soy abogado penalista y llevo adelante muchos casos para ayudar a las víctimas a conseguir justicia. Y yo también sigo esperando justicia.
El examen NEET-UG es una evaluación que se toma en todo el país para determinar quiénes acceden al número limitado de vacantes disponibles en las carreras de Medicina y Odontología.
Según los datos oficiales de la India, casi 14 500 menores de 18 años murieron por suicidio en 2024, lo que representa el 8,5 % del total de suicidios registrados en el país ese año. Los manifestantes que reclaman reformas educativas señalan la presión enorme que recae sobre los estudiantes.
Hubo varios suicidios vinculados tanto con el escándalo del examen de 2024 como con el de 2026. En las seis semanas transcurridas entre la anulación del examen de 2026 y la nueva fecha de evaluación, se atribuyeron 12 suicidios de estudiantes al escándalo. Distintos medios informaron una cifra mayor y señalaron que al menos 21 suicidios podrían estar vinculados con el escándalo.
El «Partido de las Cucarachas» es el nombre irónico de un partido informal surgido en internet como respuesta a unos comentarios despectivos realizados en mayo por el presidente de la Corte Suprema, Surya Kant. Al referirse a jóvenes desempleados preocupados por su futuro, Kant usó el calificativo «cucarachas». En medio del escándalo del examen de ingreso a Medicina, el «partido» ganó popularidad entre los jóvenes del país. El llamado «movimiento de las cucarachas» exige reformas y mejoras en el sistema educativo indio.
Ante las protestas, que congregaron al mayor número de manifestantes de la historia reciente del país, el primer ministro Narendra Modi aceptó varias de las demandas de los manifestantes, entre ellas la renuncia del ministro de Educación, Pradhan, el 25 de julio. También aseguró que los manifestantes no serían procesados penalmente, prometió reformas educativas y se comprometió a compensar a las familias cuyos hijos se habían quitado la vida a causa del escándalo del examen de ingreso a Medicina.