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Un uruguayo sufre una devastadora lesión medular y crea una ONG para niños discapacitados

Yo salí a cubrir la pelota porque vi que uno de los contrincantes se había despegado y venía a buscarla. Cuando vi que no llegaba me tiré a cubrirla y al mismo tiempo él la quiso patear. Sentí un golpe en la nuca, un shock eléctrico, un chucho de frío, caí boca abajo y ya no sentí más el cuerpo.

  • 4 meses ago
  • octubre 9, 2022
7 min read
Gustavo Saenz started the NGO El Palomar Gustavo Saenz started the NGO El Palomar to support students with disabilities after he experienced a devastating spinal injury in high school | Photo courtesy of Gustavo Saenz
Gustavo Saenz, El Palomar
PROTAGONISTA
Gustavo Saenz, 49 años, es licenciado en Administración de Empresas y Contabilidad. Trabaja sobre el terreno y es el fundador de la ONG El Palomar, con sede en la ciudad de Montevideo, en Uruguay. La ONG se dedica a la inclusión de niños con discapacidad en el entorno escolar.
CONTEXTO
El Palomar, creada en 2019, es una organización sin ánimo de lucro dedicada a promover líneas de actuación para facilitar el acceso inclusivo en la sociedad de las personas con discapacidad. Ofrecen programas y oportunidades para que los jóvenes con discapacidad disfruten de una vida mejor y, al mismo tiempo, tratan de sensibilizar y generar conciencia sobre la problemática abordada entre las familias y la sociedad.

MONTEVIDEO, Uruguay – Entendí que es muy difícil educar a la gente adulta, por eso se me ocurrió que capacitar a los niños era mejor opción. Así ellos pueden enseñarles a sus padres, ya que muchos adultos le tienen miedo y prejuicios a la discapacidad. Yo no culpo a nadie, mi deber es darles las herramientas para que puedan enfrentarlo y aprender.

La vida siguió adelante, hasta que un segundo golpe impactó en nuestra familia. Mientras jugaba un partido de rugby en el instituto, sufrí una lesión paralizante en el cuello y la columna vertebral. Me quedé tetrapléjico y entré en una recuperación a largo plazo. Sin embargo, nunca me rendí.

El palomar surge en el año 2019, ahí es cuando yo decido juntar a mis amigos de toda la vida, y comentarles que iba a hacer una ONG, en ese momento necesitaba hacer algo por los demás y el primer proyecto fue hacer rampas para discapacitados.

Tras el asesinato de su padre, un joven se dedica a los deportes, pero sufre una lesión devastadora

Las autoridades nunca descubrieron quién mató a mi padre ni por qué. La noticia devastó a nuestra familia. Como ama de casa, mi madre tuvo que mantenernos a mí y a mis hermanos. Empecé a trabajar en el campo para ayudar. Mi madre se arremangaba y hacía las cosas. Nunca la vi llorar ni quejarse.

Comencé una etapa introspectiva, en la cual el deporte estuvo muy presente y fue en este momento que comencé a jugar al Rugby, viéndolo como una materia más del colegio. Un día, jugamos un partido en la cancha del club de la escuela. El primer tiempo avanzó bien, pero a los 20 minutos del segundo tiempo, empecé a sentirme fatigado.

En un momento le digo a un compañero, que estaba jugando de wing: Vení a jugar de ala que yo ya no estoy para empujar. No habrán pasado más de 2 o 3 minutos que el full back de Old Boys patea una pelota larga y sale todo el equipo para adelante y yo me quedo atrás. Devuelven la patada y la pelota fue al medio, hacia el ingoal.

Yo salí a cubrir porque vi que uno de los contrincantes se había despegado y venía a buscarla. Cuando vi que no llegaba me tiré a cubrirla y al mismo tiempo él la quiso patear. Sentí un golpe en la nuca, un shock eléctrico, un chucho de frío, caí boca abajo y ya no sentí más el cuerpo.

Me quise incorporar y fue imposible. Un médico enseguida me asistió. “Es algo de columna” dijo. Llamaron a una ambulancia, que llegó bastante rápido. No tenían collarete. Me subieron y me llevaron al Hospital Británico. Me acuerdo de los aplausos cuando me estaban subiendo a la ambulancia, serían las 4 de la tarde.

Afrontar el largo camino de la recuperación solo en una habitación de hospital

En ese momento, la resonancia magnética era lo más avanzado que había. Me hicieron una tomografía y se dieron cuenta que algo grave me sucedía en las cervicales. Me cortaron la camiseta y vi que empezaban a llegar mis hermanos, mi madre estaba de viaje.

Me metieron en el tubo para hacer la resonancia y me desmayé. Cuando me desperté era de noche y tenía un dolor agudo. Me habían colocado un collarete con pesas en mi cabeza para desinflamar la zona. Me dolían las piernas, no las podía mover. Abrí los ojos, vi a un tío y un primo y les pedí desesperados que me hicieran masajes en las piernas porque no podía más del dolor. Y me volví a dormir.

Gustavo Sáenz en un partido de rugby en 1987 | Foto cortesía de Gustavo Sáenz

El resultado de los estudios fue que tenía dos vértebras cervicales rotas, la cuarta y la quinta, con desplazamiento del disco e impacto en la médula espinal. Cuando me desperté por segunda vez estaba en una cama de terapia intensiva, con las suturas de una operación y rodeado de los sonidos de los aparatos. Quise moverme y no pude. Al primer médico que vi le pregunté qué pasaba y me dijo: “Tuviste un accidente en la columna”.

Las noches en el hospital se hacían eternas debido a que las visitas podían estar desde temprano por la mañana hasta la tarde únicamente, el resto del día me quedaba solo y ahí, el silencio del hospital es terrible, entonces recurría a mis recuerdos tirado en una cama cuadripléjico. y eso me permitía dormir en paz para que al otro día pudiera afrontarlo de la mejor manera; increíblemente todas esas imágenes las tengo grabadas hasta el día de hoy.

Un hombre se recupera de ser tetrapléjico y atiende a personas con discapacidad en la universidad

Al mes, cuando me recuperé un poco, empecé a mover el dedo de una mano en ese momento nos fuimos a un centro de rehabilitación de Estados Unidos en el que compartí la habitación con personas que estaban peor que yo: sin pies, sin miembros. Fue muy duro permanecer en ese ambiente, sobre todo porque los primeros 2 meses no pude ver a mi familia, estuve solo.

Este centro me fortaleció mucho mentalmente, ahí madure de golpe. con 20 años aprendí todo nuevamente: a atarme los cordones con la boca, a vestirme en 4 horas solo, a llorar cuando tenía que subirme a la silla de ruedas, cuando no me salía algo lograr volver a la batalla. De a poco y con mucha fe fui mejorando.

Gustavo en el hospital, tras el accidente | Foto cortesía de Gustavo Sáenz

Al principio moví la mano izquierda por lo que decidí escribirle una carta a mi otra mano, dado que no volvería a utilizarla como antes. Tarde un año en volver a caminar, ir a la facultad y a un restaurante, por ejemplo. Aceptar mi discapacidad me costó mucho, al igual que retomar mi vida fuera del silencio y vacío del hospital.

En el año 1998 estuve en la universidad en España y allí con dos amigos, formamos un programa que se llamó “PAI” que proveía ayuda a estudiantes con discapacidad. En ese momento le entregábamos grabaciones en audio y apuntes a la gente no vidente para que pudiera estudiar y llevábamos a alguna persona en silla de ruedas en auto hasta la universidad.

Motivado por su sufrimiento, un uruguayo lanza una ONG y encuentra un propósito

Las experiencias que viví durante el proyecto PAI en la universidad se quedaron conmigo. Más adelante, las recordé y surgió la idea de El Palomar. En 2019, reuní a mis amigos más cercanos y proclamé: «¡Quiero fundar una ONG!». Se sumaron y para nuestro primer proyecto, construimos rampas para personas discapacitadas.

Hoy, promovemos la educación inclusiva  dando becas a alumnos y colegios, que tienen niños con discapacidad, contemplando los aspectos edilicios y humanos necesarios para que se puedan desenvolver adecuadamente en un entorno académico del que deben poder participar.

Gustavo quedó tetrapléjico tras su lesión. Con un tratamiento a largo plazo acabó recuperándose | Foto cortesía de Gustavo Sáenz

Para mí, este trabajo significa dar amor desinteresadamente. Elegí trabajar con niños y no con adultos porque los mayores pueden tener miedo o prejuicios contra las personas con discapacidad. Los niños, en cambio, tienen el potencial de enseñar a sus padres.

Ofrecemos nuevas oportunidades a los niños que ven la vida desde el punto de vista de una silla de ruedas, y esas oportunidades se extienden también a sus familias. Al fundar mi ONG sentí que reunía todo el sufrimiento de mi familia y lo convertía en algo positivo, en memoria de mi padre.

Ahora puedo mostrar a las personas con discapacidad que pueden hacer cualquier cosa que se propongan. Pueden tocar el cielo. Gracias a mi discapacidad, entiendo la importancia de recibir una educación inclusiva en la que todos se sientan acogidos y apoyados.

Descargo de responsabilidad de traducción

Las traducciones proporcionadas por Orato World Media tienen como objetivo que el documento final traducido sea comprensible en el idioma final. Aunque hacemos todo lo posible para garantizar que nuestras traducciones sean precisas, no podemos garantizar que la traducción esté libre de errores.

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