Los refugiados y los lugareños trabajan juntos para hacer jabón en el campo de acogida de Kakuma, en Kenia.

Proteger a los refugiados de Kakuma

Proteger a los refugiados en Kakuma

Protagonista
Innocent Haviyarimana, refugiándose en Kakuma.
Contexto
El campo de refugiados de Kakuma está situado en la región de Turkana, en el noroeste de Kenia.
Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), el campamento se estableció en 1992 y alberga a 196.666 personas en julio de 2020.
“Con una afluencia de recién llegados en 2014, Kakuma superó su capacidad de más de 58.000 personas, lo que provocó congestión en varias secciones. Tras las negociaciones entre el ACNUR, el gobierno nacional, el gobierno del condado de Turkana y la comunidad de acogida, se identificaron tierras para un nuevo asentamiento en Kalobeyei, a 20 km de la ciudad de Kakuma”, informa ACNUDH.
El campamento fue originalmente el hogar de los “Niños Perdidos de Sudán”. Ahora proporciona refugio a personas de toda África.

KAKUMA, Kenia – Pequeñas casas blancas salpican el paisaje semiárido de la región de Turkana en Kenia.

Casi 200.000 refugiados realizan sus actividades diarias en el campo de Kakuma, catalogado este como el centro de asilo más grande del mundo por el Refugee Council USA. Muchos, presos de la pobreza, viven en condiciones miserables y de hacinamiento.

Ahí es donde comenzó mi vida en Kenia. Y, cuando el COVID-19 golpeó el país, me invadió el miedo por el potencial de la pandemia para devastar el campamento.

Sabía que tenía que hacer algo.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la inestabilidad política y la violencia han obligado a más de 300.000 personas a huir de Burundi a los países africanos vecinos.

Muchos de nosotros, incluido yo mismo, estamos en el campo de refugiados de Kakuma con otras personas desplazadas de toda África. Nuestras historias son todas diferentes, pero comparten un hilo conductor: devastación y escape.

Mi huída sigue viva en mi memoria.

Estaba en la mitad de mis estudios de química en la Universidad de Burundi. Mi vida se había convertido en una pesadilla.

Recibía amenazas de muerte por parte de familiares de mi difunta madre que se apoderaron de nuestra casa. El terror fue indescriptible. Nunca me imaginé que podía recibir amenazas de mi propia familia.

Me convertí en alguien que huye sin un rumbo determinado y sin saber qué me deparará el próximo minuto.

Oportunidad en Kakuma

Después de llegar a Kakuma en 2013, supe lo que quería. Quería ganar mi propio dinero en lugar de depender de la ayuda humanitaria.

Evalué el campamento y decidí iniciar un negocio de fabricación de jabón. Solicité ayuda a la rama humanitaria de la Federación Luterana Mundial y a una organización en Kakuma para inscribirme en un curso de elaboración de jabón que duraba diez días.

Luego, obtuve un préstamo inicial de $9.04 dólares de un amigo cercano y ex compañero de escuela en Burundi para comprar químicos y hacer mi primer lote de jabón en 2015. Desde entonces, me he concentrado en mi negocio y me esfuerzo por ayudar a aquellos que no pueden pagar los productos de limpieza en el campamento.

Mi negocio ha evolucionado en los últimos cinco años, y con el COVID-19 en Kenia, supe cómo ayudar a mis compañeros refugiados.

Inocente Haviyarimana junto con un grupo de aldeanos repartiendo jabón.
Ofrezco jabón y desinfectantes caseros gratuitos a las personas vulnerables del campamento y los asentamientos cercanos.

Un sentido de comunidad

El agua se limita a las bombas públicas, lo que significa que el distanciamiento físico y la buena higiene, piedras angulares para la prevención del coronavirus según la Organización Mundial de la Salud, son casi imposibles.

El jabón es vital durante una pandemia. Sabía que la única manera de ayudar a mis compañeros refugiados era aumentando la producción en casi un 75% para satisfacer la demanda de todos los refugiados en Kakuma y el cercano asentamiento integrado de Kalobeyei.

Pero no todos en el campamento podían permitirse el lujo de tener jabón. Muchos viven en condiciones deplorables y dependen de las agencias humanitarias para cubrir sus necesidades diarias.

Decidí bajar los precios y ofrecí jabón gratis a la población más vulnerable.

Me aseguré de que puedan acceder a este bien necesario para proteger sus vidas, muchas de las cuales ya están en agonía.

Con el virus asolando el mundo, los refugiados también han tenido miedo.

Además de distribuir y vender jabón, me he esforzado por educarlos sobre la importancia de lavarse las manos en medio de la pandemia.

Ahora, la mayoría de ellos se aseguran de seguir todas las pautas del Ministerio de Salud y de la OMS.

En Kakuma, hay mucha gente participando de la lucha contra el COVID-19, ya sea haciendo máscaras o difundiendo información sobre el virus. Me alegra ver que todo esto sucede porque estamos trabajando para proteger a nuestra gente.

Creo que esto ha ayudado a reducir la propagación del virus en el campamento.

Pero, lamentablemente, a fines de 2020 Kakuma tenía 341 casos confirmados de COVID-19 y había sufrido 10 muertes.

Dentro de Kakuma.

Un negocio en crecimiento

Tengo un título en química y solía trabajar para una empresa en Burundi antes de huir a Kenia.

Utilicé esas habilidades para establecer una gama de productos que incluyen jabones, lejía y champú. Todos están certificados por la Oficina de Normas de Kenia, lo que significa que son seguros para el uso humano y no tienen contenidos nocivos.

Todo proviene de productos naturales. El desinfectante de manos está hecho con el aloe vera que planté en mi taller y en el patio de mi casa.

Con sólo dos empleados, salí al mercado con dos tipos de jabón. Hoy en día, fabricamos 14 tipos de jabón y tenemos 42 empleados. Dieciocho pertenecen a la comunidad de acogida y 24 al campamento de Kakuma y al asentamiento integrado de Kalobeyei.

Sin embargo, no soy el único comerciante local de jabón. Quiero que todos ayudemos a nuestra comunidad además de ayudarnos a nosotros mismos, y, por eso, ofrezco clases para enseñar cómo hacer productos de limpieza.

Quiero guiar a las mujeres y a nuestros jóvenes para que tengan la oportunidad de ser autosuficientes y mejorar sus vidas como lo hice yo.

La vida no es fácil en un campo de refugiados. La vida aquí a veces está llena de agonía y de peleas por batallas del pasado. El trauma todavía nos persigue en Kenia.

Muchos jóvenes de los campos de refugiados han recurrido a las drogas para escapar de su pasado. Hago todo lo posible para educarlos lejos de estas actividades dañinas. Incluso, les ofrezco un trabajo como alternativa al excesivo ocio.

Creo que el pasado debe dejarse atrás y el enfoque debe cambiarse hacia el futuro brillante que nos espera. Todos estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo. Mi objetivo es ayudar a la comunidad de todas las maneras posibles y me siento aliviado de ver a cada vez más voluntarios en mi misma sintonía.

Esperanza para el futuro

Ahora tengo 37 años, estoy casado y tengo dos hijos pequeños. Más que nada, anhelo que tengan un futuro brillante lejos del trauma que encontré cuando era joven.

La comunidad anfitriona ha sido una bendición para nosotros. Nos tratan a todos como iguales. Las oportunidades se comparten y, es por eso, que mi negocio de jabones sigue creciendo.

Estoy comprometido en crear oportunidades de empleo para las personas tanto del campamento como de la comunidad de acogida. Es la única forma en la que puedo devolver toda la amabilidad que he recibido de todos ellos desde el día en que llegué al campo de refugiados de Kakuma en 2013.

Mi experiencia de trabajar en la primera línea contra el coronavirus me ha enseñado lecciones que creo que todos los gobiernos deberían aprender.

Servir a los demás me ha ayudado a restaurar mi sentido de dignidad.

Mi deseo es que seamos amables los unos con los otros durante estos tiempos difíciles. Nunca se sabe por lo que las personas están pasando en su interior.

Descargo de responsabilidad de traducción

Las traducciones proporcionadas por Orato World Media tienen como objetivo que el documento final traducido sea comprensible en el idioma final. Aunque hacemos todo lo posible para garantizar que nuestras traducciones sean precisas, no podemos garantizar que la traducción esté libre de errores.

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Periodista experimentado con un historial demostrado de trabajo en la industria de producción de medios. Experto en contar historias de interés humano no contadas de África, investigaciones y crímenes, asuntos de actualidad y asuntos exteriores.