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El olimpista retirado Benson Gicharu regresó a su ciudad natal para guiar a los jóvenes a través del boxeo. | Foto cortesía de Benson Gicharu

Exolimpista utiliza el boxeo para orientar a los niños en los barrios marginales de Nairobi

Cuando llegó la noche y, con mi familia, fuimos a dormir sin comer, decidí monetizar mis habilidades de boxeo.

Benson Gicharu
Protagonista
Benson Gicharu Njangiru nació el 3 de mayo de 1985. Al crecer en los suburbios de Nairobi, Kenia, enfrentando la pobreza extrema, intentó suicidarse cuando era niño pero sobrevivió. Más tarde, su padre tomó el mismo camino aunque no corrió la misma suerte y falleció.

Al ver a su madre luchar para llegar a fin de mes, se dedicó al boxeo amateur para apoyarla a ella y a sus hermanos. Finalmente, Benson se graduó de la escuela secundaria y se convirtió en oficial de policía. Su carrera en el boxeo, con dos participaciones en los Juegos Olímpicos, continuó hasta 2018.

Hoy, Benson dice que el aprecio por el boxeo en Kenia está disminuyendo entre el público. Las instalaciones utilizadas para el entrenamiento están muy por debajo de los estándares necesarios. Sueña con ver a más personas haciendo boxeo y superando sus propios logros.

Benson trabaja para que su academia de boxeo sea un éxito y así incentivar cada vez a más adolescentes a realizar este deporte. Él afirma que, a pesar de su dura vida en los barrios marginales, se puede salir adelante.
Contexto

La proporción de kenianos que viven con ingresos por debajo de la línea de pobreza internacional ($ 1,90 por día en 2011) es del 36,1% en 2015/2016.

Benson Gicharu decidió dedicarse al boxeo como un medio para mantener a su familia que vive en los barrios marginales de Mukuru Fuata Nyayo.

Su primera gran oportunidad en el boxeo llegó en 2004 cuando fue seleccionado para pelear en Qatar junto con otros ocho. Boxeó durante siete meses allí, pero el gobierno requirió un cambio en su ciudadanía para permanecer en el país. En ese momento, Kenia no permitía la doble ciudadanía, por lo que renunció y regresó a casa.

En 2004, obtuvo su Certificado de Educación Secundaria de Kenia y se unió al Servicio de Policía de Kenia, pasando a representar a la fuerza en la Liga Nacional de Boxeo.

Encontró un gran entrenador de boxeo y se unió al equipo nacional después de derrotar a un campeón de peso pesado en 2009. Sus habilidades en el ring estaban dando sus frutos y finalmente pudo cuidar cómodamente a su familia.

Ese mismo año, el equipo nacional de boxeo lo invitó al Campeonato Mundial de Boxeo de la Asociación Internacional de Boxeo en Italia, donde perdió en la primera ronda. Un año después, se llevó su primera medalla en los Juegos de la Commonwealth en Nueva Delhi, India: una plata en la categoría de peso mosca.

En 2012, se clasificó para sus primeros Juegos Olímpicos de Londres, donde su oponente lo venció en la primera ronda. Los Juegos de la Commonwealth en Glasgow en 2014 serían su próximo desafío, esta vez, como luchador de peso gallo.

Hizo historia, convirtiéndose en el primer boxeador en ganar medallas en diferentes categorías de peso mientras se alzaba con una medalla de bronce.

En 2016, se clasificó para los Juegos Olímpicos de Río. Ganó una medalla de oro en las eliminatorias, pero perdió en la primera ronda y sufrió una grave fractura en la mano. En 2018, después de los Gold Coast Commonwealth Games, se retiró del boxeo a nivel competitivo.

NAIROBI, Kenia ꟷ Al crecer en los suburbios de Nairobi, no tenía margen para cambiar mi vida. Las probabilidades estaban en mi contra, tanto en mi casa como en la sociedad.

Mi tía me salvó del suicidio, mi padre lo hizo más tarde y dejó sola a mi mamá en nuestra crianza.

Sin dinero para ir a la escuela, me convertí en boxeador profesional y mantuve a mi familia. Incluso competí en los Juegos Olímpicos.

Hoy, ayudo a los jóvenes boxeadores a perfeccionar sus habilidades en los barrios marginales que me vieron crecer. No hay mayor ejercicio para el corazón que educar a los niños.

La pobreza en los barrios marginales de Nairobi lleva al suicidio

Desde muy joven, luché contra problemas de autoestima, empeorados por mis padres, quienes comparaban mis conocimientos académicos y autodisciplina con los de mis hermanos. Era un chico de barrio pobre estereotipado. Es por eso que me rebelé.

En 1996, a la edad de 11 años, pasé una semana pensando en suicidarme. Un día, mi familia me dejó sólo en casa. Parecía el momento perfecto para poner en práctica mi plan. Saqué una cuerda de abajo de mi cama, la até sobre la cabecera, la puse alrededor de mi cuello y me preparé para terminar con mi vida.

Sin embargo, no había cerrado la puerta de mi habitación y mi tía se presentó inesperadamente. Ella me encontró, y escapé de la muerte por un pelo. El intento de suicidio me dejó hematomas.

Mis padres me preguntaron por qué lo hice, pero nunca les respondí. En el fondo, yo sabía que eran las constantes comparaciones con mi hermano.

No sabía que mi padre también luchaba contra los pensamientos suicidas. La vida en casa parecía insoportable y mis padres apenas podían llegar a fin de mes. Las cosas empeoraban con el paso del tiempo.

Un años después, mientras estaba en la escuela, sentí la necesidad de ir a casa antes de lo habitual. Cuando abrí la puerta, vi algo parado en medio de la casa. Eso me asustó. Corrí y llamé a mi vecino, suplicándole que viniera.

Cuando los vecinos llegaron y presenciaron la escena, una atmósfera tensa envolvió nuestra casa. Yo sabía que algo estaba mal. Momentos después, me dijeron que mi padre se había suicidado. Sentí un profundo dolor y enojo. ¿Por qué mi padre se quitaría la vida cuando nuestra familia enfrentaba tantas dificultades? Dejó a mi madre sola para criarnos a mí y a mis dos hermanos menores.

Después de ese día, la vida ya no fue la misma.

Los barrios maraginales de Mukuru Fuata Nyayo en Nairobi, Kenia
Los barrios marginales de Mukuru Fuata Nyayo en Nairobi, Kenia | Foto cortesía de Benson Gicharu

El boxeo, la salvación de la familia

Siempre sufrí discriminación. Era escuálido y sabía que mi sufrimiento sólo continuaría si no me defendía. Cuando me di cuenta de que podía lanzar un puñetazo fuerte, ese se convirtió en mi pasatiempos.

El boxeo me llenó de vitalidad. Me di cuenta que podría liberar mis frustraciones. Con cada golpe, volvía la alegría a mi cuerpo. Ir al gimnasio para hacer ejercicio se volvió una rutina, ya que mi acceso a la educación se disolvió.

La desesperación por mi futuro se apoderó de mí cuando perdí mi beca para la escuela secundaria y se nos acabó el dinero a pesar de los repetidos intentos de pagar las tasas escolares. Realicé trabajos ocasionales para ayudar a mantener a nuestra familia y regresé a la escuela por un tiempo breve, pero el dinero siguió siendo un problema. Una noche fue mi punto de inflexión: todos nos fuimos a dormir hambrientos. Desde ese día, prometí monetizar mis habilidades de boxeo.

Un gran salto de boxeo lleva a un niño de los barrios marginales a los Juegos Olímpicos

Mi primera gran oportunidad llegó en 2004, cuando fui seleccionado para pelear en Qatar. Durante los siete meses que estuve boxeando en el Medio Oriente, mantuve a mis hermanos en la escuela y continué mis propios estudios.

Después de graduarme, me uní al Servicio de Policía de Kenia y los representé en la Liga Nacional de Boxeo. Durante los siguientes años luché y gané muchas medallas, pero perdí en la primera ronda de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

En 2016, puse mi mirada en los Juegos Olímpicos de Río. Los profesionales aficionados debían clasificar en Venezuela. La incertidumbre se apoderó de mí, ya que no tenía dinero para volar allí, y mucho menos una visa.

Sin embargo, sólo dos días antes de la clasificación, encontré inesperadamente el dinero para comprar un boleto de avión. Sin fondos para alojamiento o comida, me dirigí al aeropuerto sólo con mi invitación para calificar. Por la gracia de Dios, me permitieron embarcar y viajar a Sudamérica sin visa. Describo ese momento como el “Milagro de Venezuela”.

No tenía entrenador, pero aun así logré ganar una medalla de oro en las eliminatorias y llegar a los Juegos Olímpicos. Aunque perdí en la primera ronda y sufrí una grave fractura en la mano, me preparó para un trabajo más importante en casa.

Gicharu ganó múltiples medallas internacionales a lo largo de su carrera boxística y participó en dos Juegos Olímpicos.
Gicharu ganó múltiples medallas internacionales a lo largo de su carrera boxística y participó en dos Juegos Olímpicos. | Foto cortesía de Benson Gicharu

Olimpista regresa a los barrios marginales de Nairobi donde es mentor de niños en el mundo del boxeo

Hoy ayudo a los jóvenes boxeadores a perfeccionar sus habilidades en los barrios marginales de Mukuru Fuata Nyayo, donde crecí. No hay mayor ejercicio del corazón que educar a los niños. Mi alegría proviene de verlos triunfar en la vida.

Es fácil relacionarse con los niños y adolescentes que crecen en los barrios marginales. Compartimos las dificultades de crecer en los grilletes de la pobreza. El boxeo me dio una forma de desahogar mis sentimientos. Fue una herramienta que cambió mi vida, y animo a los jóvenes a que se interesen en el boxeo para que, con suerte, también cambie la suya. Es un deporte difícil, pero con mucha práctica, el boxeo te vuelve valiente.

En los barrios marginales, todos los niños están luchando contra algo. Algunas de sus batallas son más duras que las mías, pero sólo necesitan un pequeño empujón para que emerjan grandes. Muchos niños de los barrios marginales recurren a la prostitución, a las drogas y a otros vicios para sobrevivir. Las chicas jóvenes quedan embarazadas con frecuencia. Utilizo mis estudios en psicología para sentir empatía y aconsejarlos.

Todos los niños tienen potencial, pero deben dar el primer paso y creer en sí mismos. Cuando veo a los boxeadores jóvenes ganar competencias, siento que estoy viendo mi propio viaje. Les digo que confíen en el proceso. Las cosas no pasan de la noche a la mañana.

Los desafíos son como acertijos a resolver. Cuando comenzamos a conectar esas piezas del rompecabezas, podemos crear un buen futuro para nosotros.

Descargo de responsabilidad de traducción

Las traducciones proporcionadas por Orato World Media tienen como objetivo que el documento final traducido sea comprensible en el idioma final. Aunque hacemos todo lo posible para garantizar que nuestras traducciones sean precisas, no podemos garantizar que la traducción esté libre de errores.

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Irene Mwangi is a multimedia journalist with a background in reporting matters politics, governance, and human interest stories. She has great experience in penning down stories that call for change and transformation in the issues of governance here in Kenya.