Muchas historias me han conmovido desde que empezamos a usar sillas de trekking adaptado, pero ninguna como la de un niño con movilidad reducida que convocó a 15 amigos para que lo ayudaran a subir el cerro Champaquí. Todos se turnaron para sostener la silla mientras el organizador del recorrido los conducía hasta la cima, logrando el sueño del niño.
CÓRDOBA, Argentina – Hace 15 años que me dedico al turismo inclusivo y decidí abrir un complejo de cabañas en las montañas; este fue el primero del país en ser 100% accesible, pero las personas con movilidad reducida no podían llegar. La ridícula ironía de la situación me golpeó y supe que necesitaba encontrar una solución.
Alejandro López, amigo y colega en la industria del turismo accesible, me contó las penurias que tuvo que soportar su hermano, quien tiene parálisis cerebral, para disfrutar de la naturaleza. Le era imposible caminar en su silla de ruedas ya que la grava ocasionaba que las ruedas se trabaran y perdieran estabilidad, por lo que se perdió de disfrutar de miles de paisajes y se vio obligado a verlos solo en fotos.
Este fue uno de los casos que más me llamó la atención y me hizo querer buscar una solución a este problema, no podía superar lo injusto que sería vivir en una provincia con unas vistas tan hermosas y no poder experimentarlas. Esa es la realidad para ese hombre y miles de otros.
Cuando decidí construir mi complejo de cabañas, me enfoqué en hacerlas cómodas para cualquiera, sin importar la discapacidad, ya que quería que todos tuviesen la oportunidad de moverse cómodamente. Sin embargo, a medida que pasaban los meses, no venía tanta gente como esperaba.
La respuesta fue muy simple: no podían llegar de forma física a las cabañas debido a su condición.
Al principio confiamos en la Joëlette, un monociclo fabricado únicamente en Francia.
Con eso como nuestra referencia, trabajamos para crear algo más adecuado a nuestras necesidades locales. Primero, hicimos una silla anfibia que pudiera cruzar los ríos de nuestra zona, luego la transformamos en algo también apto para caminatas. Lo probamos con personas que lo necesitaban, observando qué funcionaba y qué necesitaba mejorar.
En nuestro diseño, nos enfocamos en la seguridad y comodidad del usuario ya que en Argentina valoramos el movimiento vigoroso y la aventura. Así, añadimos una barra antivuelco que protege la cabeza del usuario.
Enfrenté un problema importante con las restricciones de la economía argentina, el valor del dólar no estaba del todo claro mientras trabajábamos, ya que aumentaba y fluctuaba con el pasar de las horas y los días. Esto significaba que mis proveedores de partes para hacer el prototipo no sabían a cuánto venderlas a un precio local, por lo que hubieron bastantes retrasos frustrantes.
La falta de certeza en el país me llevó a probar otras alternativas, como el uso de materiales locales, el cual me obligó a reorganizar toda la silla desde cero. En ese momento, mis tarjetas de crédito colapsaban y mis finanzas estaban al límite. El estrés y ansiedad de estar perdiendo el tiempo en un proyecto imposible jugo con mi mente.
Pero a medida que pasaban los días, nos acercamos más y más a la realización de mi sueño a pesar de todo y finalmente, el producto final fue tal como lo había soñado. Eventualmente, desarrollamos la Champa Bike como la conocemos ahora.
La Champa Bike es como un carreta con un sillón en el medio, con tapicería que puede resistir los elementos, reposabrazos plegables y reposapiés ajustables.
Cuenta con una rueda con llanta reforzada y suspensión hidráulica, que cambia de posición según las necesidades del camino. Los manillares laterales se extienden tanto por delante como por detrás, para ser guiados y soportados por dos personas.
Nombramos la silla en honor al cerro Champaquí, que alcanza los 2.790 metros (9.153 pies) sobre el nivel del mar y es el más alto de la provincia de Córdoba. Es uno de los puntos turísticos más importantes de la región ya que desde allí se puede ver la ciudad por completo y admirar increíbles vistas.
Hoy, usamos la Champa Bike en excursiones con personas mayores, en las últimas etapas del embarazo y por supuesto, con persona con discapacidades. Los rescatistas incluso lo han usado ocasionalmente en sus esfuerzos.
Muchas historias me han conmovido desde que empezamos a usar sillas de trekking adaptado, pero ninguna como la de un niño con movilidad reducida que convocó a 15 amigos para que lo ayudaran a subir el cerro Champaquí. Todos se turnaron para sostener la silla mientras el organizador del recorrido los conducía hasta la cima, logrando el sueño del niño.
Eso hizo que las horas de prueba, trabajo e insomnio mientras perfeccionábamos la silla valieran la pena.