Gilma Vianna, the first woman ever to be named as head of an Operational Zone in the capital city of Uruguay, sits at her desk. | Leonardo Carreño
Gilma Vianna, la primera mujer en ser nombrada jefa de una Zona Operativa en la capital de Uruguay, sentada en su escritorio. | Leonardo Carreño

Primera mujer en asumir un alto cargo en la policía de Uruguay

Gilma Vianna es la primera mujer en alcanzar el cargo de Jefa de Zona en Uruguay. Luego de una larga carrera que ha pasado de trabajar en canchas y tribunas de fútbol a acompañar al expresidente, logró dejar su huella y convertirse en pionera.

Gilma Vianna, the first woman ever to be named as head of an Operational Zone in the capital city of Uruguay, sits at her desk. | Leonardo Carreño
Protagonista
Gilma Vianna, de 47 años, es la primera mujer en ocupar el cargo de Jefa de Operaciones en una de las cinco zonas de Montevideo, Uruguay.

Fue oficial de policía durante treinta años, el logro alguna vez fue impensable en su país.
Contexto
Uruguay es un país con una clasificación alta en el Índice de Desarrollo Humano, que es una medida resumida del logro promedio en dimensiones clave, como una vida larga y saludable, estar informado y tener un nivel de vida decente.

Uruguay ocupa el puesto 55 de 189 países en el IDH y, desde el 1 de julio de 2013, también se considera un país de altos ingresos según las mediciones de ingreso per cápita del Banco Mundial.

A pesar de tener buenos indicadores macroeconómicos, Uruguay continúa enfrentando una distribución desigual del ingreso y desigualdades estructurales de género en áreas estratégicas de desarrollo.

Un informe del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de Uruguay observó que el país debe abordar las brechas en las políticas de igualdad, participación política y pública, estereotipos culturales, violencia contra la mujer, trata de mujeres y acceso a la educación, empleo y salud. Las brechas afectan particularmente a las mujeres afrodescendientes y rurales.

El Informe de País de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en el objetivo nacional de eliminar las disparidades de género, muestra una tendencia positiva en la reducción de las brechas relacionadas con el mercado laboral.

Aún así, no se ha registrado ningún avance en la participación de posiciones jerárquicas y posiciones de representación política.

MONTEVIDEO, Uruguay— Durante 30 años, me despertaba todas las mañanas con la hermosa responsabilidad de cuidar a la gente de Montevideo como oficial de policía.

Ahora soy la primera mujer en ser nombrada jefa de una Zona Operacional en la ciudad capital. Este logro requirió un esfuerzo y sacrificio extraordinarios.

En esta sociedad machista donde los trabajos son para hombres o para mujeres, obtener mi puesto me sorprendió incluso a mí, pero estaba lista para el desafío.

Romper los estereotipos masculinos siempre tiene consecuencias, pero mi trabajo es mi pasión. No lo cambiaría por nada, a pesar del peligro que invoca.

Romper la barrera del género, enfrentando discriminación

El 20 de abril de 2021. fui la primera mujer nombrada como Jefa de Zona en Montevideo. La euforia recorrió cada parte de mi cuerpo. Cada vez que recuerdo ese día, me emociono.

Recuerdo mis manos sudando y mis piernas temblando. No podía calmar los pensamientos que corrían por mi cabeza. Algo me decía que sería difícil conciliar el sueño esa noche.

Cuando me nombraron jefa, pasaron por mi mente recuerdos de treinta años defendiendo a mi nación.

Hubo muchas ocasiones en mi carrera en las que pude haber tomado diferentes posiciones, pero soñaba con algo más. Estudié y me preparé mucho tiempo para lograr este nombramiento, que me parecía inalcanzable.

Las mujeres en mi país son constantemente discriminadas simplemente por nacer con genitales femeninos. La imposición del machismo y el patriarcado dañan a la sociedad.

Por ejemplo, cuando hay un motín, a la gente le molesta la presencia de la policía, pero les molesta aún más cuando esos policías son mujeres.

Entiendo que si bien mi trabajo es cuidar a los ciudadanos de mi ciudad, también tengo que representar a la ley y dar órdenes. Eso es difícil de aceptar para algunas personas.

Durante varios años, pasé las tardes controlando las gradas del Estadio Centenario. Me aseguré de que la afición de Peñarol y Nacional, los dos clubes de fútbol más populares de Uruguay, estuvieran en orden.

No se tomaron bien la presencia policial y fue peor para mí que para mis colegas masculinos por mi género. Más de una vez sentí la violencia de cerca.

Era común que en los días de partidos experimentara insultos sexistas, escupitajos e incluso amenazas de muerte. Con el tiempo, aprendí a ignorar los comentarios misóginos.

Más de una vez, temblé de impotencia. No podía hacer nada contra tanta misoginia y machismo.

Afortunadamente hoy, las cosas están mejorando.

De la formación al liderazgo y a ganarse el respeto de los hombres

Cuando comencé mis estudios con la policía en 1995, yo era sólo una de cuatro mujeres entre los 60 hombres que se graduaron.

El camino hacia la graduación fue muy difícil. A muchas personas les molestaba la participación de las mujeres en la fuerza policial. En los entrenamientos, nos lo hicieron sentir.

Con esfuerzo y sacrificio, me impuse en cada una de las pruebas físicas a las que fui sometida. Rápidamente, pero con mucho trabajo, comencé a tener personas a cargo.

Pasé cuatro años como oficial en las secciones 6 y 7 de la Dirección de Educación de la Policía Nacional. Luego, pasé por la primera sección y estuve en el Grupo de Prevención Especial durante un año. En ese momento, estaba a cargo de 352 policías.

Al principio, liderar equipos fue difícil. Muchos hombres se negaban a recibir órdenes de una mujer. Con determinación, paciencia y carácter, me gané su respeto y juntos formamos excelentes equipos.

Amo mi profesión. Me encantan las calles y poder cuidar a la gente. Ha sido la clave de mi éxito.

Creo que el mundo avanza hacia la igualdad y la policía se hace eco de este cambio. Cada vez son más las mujeres interesadas en formar parte de la seguridad del país.

Para las mujeres: nunca aceptes un no por respuesta

En 2009, pasé de patrullar las calles a caminar por los pasillos del Palacio Legislativo. Después de tantos años de trabajo y de amar lo que hago, fui nombrada segundo Jefa de Seguridad del Parlamento. Seis años después, alcancé el mismo puesto pero en seguridad presidencial.

En este nuevo cargo, tuve el orgullo de viajar por todo el país con nuestro entonces presidente Tabaré Vázquez.

Ser la primera mujer Jefa de Zona Operacional me hace sentir empoderada. Hace años, era impensable que una mujer pudiera lograr este trabajo.

A los cuarenta y siete años, puedo mirarme al espejo y sentirme orgullosa de todo lo que he logrado y de las barreras que he roto.

Mi responsabilidad con la gente sigue siendo un compromiso diario. Estoy inmensamente agradecida de que estos 30 años no hayan sido en vano.

Quiero que mi historia sirva de ejemplo para que otras mujeres de todo el mundo se animen a abordar lo desconocido y nunca acepten un no por respuesta.

Descargo de responsabilidad de traducción

Las traducciones proporcionadas por Orato World Media tienen como objetivo que el documento final traducido sea comprensible en el idioma final. Aunque hacemos todo lo posible para garantizar que nuestras traducciones sean precisas, no podemos garantizar que la traducción esté libre de errores.

#GlobalCooperationNow

Pledge to be a #ConsciousCitizen today and demand #GlobalCooperationNow! by signing this petition. Sign Our Petition.

Tengo 30 años y soy de Argentina. Soy estudiante de Periodismo Deportivo en la UNLP. He sido árbitro de baloncesto durante 11 años. Periodista de De Taco.